lunes, septiembre 28, 2009

Vistazo Crítico Transversal 28: Desde las otras escuelas o las escuelas Otras.




Desde las otras escuelas o las escuelas Otras.

Por Pedro Pablo Gómez*



Cuando empecé a leer el vistazo crítico de Ricardo Arcos, por un momento me pareció que apuntaría, desde la centralidad en la que ubica a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá, fundada en 1886, a una discusión sobre el lugar de pertenencia de la Colección Pizano, al interior de las instancias académico-administrativas de la Universidad Nacional, cuya disputa nos haría pensar en cómo esos “fragmentos de yeso del pasado” nos ayudan a aclarar el presente; por ejemplo, me imaginé preguntas sobre la diferencia que existe o no entre lo que significa formarse por medio de copias, o si la formación artística es una mera copia, más acá de la época de la reproductividad técnica, en la de la reproductividad, epistémica y política.

Sin embargo, y dado que la cuestión no va por esa vía, me permito realizar un aporte y una claridad en lo que respecta a esa historia paralela a la Escuela de Bellas Artes que Arcos menciona cuando “la enseñanza de las artes se privatiza y surgen otras escuelas que se quieren demarcar de la tradicional Escuela de Bellas Artes”. Me refiero especialmente a la Academia Superior de Artes de Bogotá, actualmente la Facultad de Artes, ASAB de la Universidad Distrital, proponiendo dos precisiones. En primer lugar, la Academia Superior de Artes ASAB, se crea en 1991 mediante el Acuerdo No. 15 del 15 de Marzo y sólo hasta el año siguiente empezaron a funcionar los programas de Artes Plásticas y Artes Escénicas; en 1993 inicia el programa de Artes Musicales. En segundo lugar, estos inicios de la ASAB se dan durante la administración del alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer (1990-1992), pues la primera administración de Antanas Mokus se daría sólo hasta el año 2005. Sin embargo, a mi modo de ver esto no afecta la propuesta implícita en el texto de Ricardo Arcos dar continuidad a la discusión entre arte y política, con Rancière o sin él, en cuyos desarrollos me propondré participar.



Mientras tanto, y para más detalles sobre los fragmentos del pasado, de lo que fueron las denominadas Antiguas Escuelas de Artes del Distrito, que luego dieron lugar a la Academia Superior de Artes de Bogotá ASAB, me permito realizar una transcripción, quizá demasiado extensa, de lo que fueron los antecedentes de la Actual Facultad de Artes ASAB, en cuya elaboración participé con el profesor Jaime Cortés. Espero que este contexto sea una contribución para plantear preguntas más precisas sobre la cuestión del arte y la política en el ámbito distrital, en donde los compromisos de cada una de las administraciones han fluctuando entre el arte, la cultura y el espectáculo.



A continuación el documento:



ANTECEDENTES[i]

La Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”, las Escuelas de Arte del Distrito y la Academia Superior de Artes de Bogotá –ASAB-.



“La Universidad Distrital Francisco José de Caldas y las Escuelas de Arte del Distrito, que posteriormente se trasformarán en la ASAB , encarnan una historia paralela pero con significativos puntos de cruce que se extienden por algo más de medio siglo. Las instituciones distritales coinciden en sus antecedentes con las coyunturas de finales de los años 1940 e inicios de los años 1950, cuando la sociedad colombiana atravesó por profundas transformaciones cuyas consecuencias forman parte de la realidad social de nuestra ciudad y de nuestro país. La urbanización y la consecuente demanda creciente de bienes y servicios, el debate político y su expresión violenta, la acelerada diferenciación social y la explosión demográfica, entre otros, concentraron en Bogotá un entramado poblacional con características únicas en el tejido urbano colombiano. En pocos años la fisonomía de la capital había cambiado tanto como su estructura social y su universo simbólico.

Resulta innegable que la mirada sobre la educación debía adecuarse a las nuevas condiciones. La administración pública de la ciudad se enfrentó al reto de satisfacer necesidades que iban desde la ampliación del conocimiento técnico hasta la generación de espacios propicios para las prácticas artísticas. Así, en 1948 se fundó el Colegio Municipal de Bogotá, renombrado el mismo año como Colegio Municipal Jorge Eliécer Gaitán, en 1950 como Universidad Municipal de Bogotá “Francisco José de Caldas” y finalmente como Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” en 1957. Su objetivo principal era la formación de técnicos con un perfil adecuado para emprender soluciones de tipo práctico requeridas para intervenir a nivel macro en la ciudad.

Entretanto, en algunas instancias administrativas distritales se ofrecieron cursos esporádicos de música, artes plásticas y teatro, que canalizaron los impulsos creativos de diversos habitantes de la ciudad, especialmente de aquellos vinculados a las instituciones gubernamentales. En menos de una década estos esfuerzos se articularon y expandieron como proyectos de educación artística no formal con la fundación de la Escuela de Bellas Artes del Distrito, de la Academia Luis A. Calvo y de la Escuela de Teatro del Distrito, antecedentes directos de la ASAB.

La Universidad Distrital “Francisco José de Caldas” y las Escuelas de Arte del Distrito coincidieron en enfocar sus acciones hacia una población particular y hacia áreas específicas del conocimiento. Los proyectos estatales en la educación superior de índole nacional se concentraron en la modernización de la educación universitaria de corte profesional, dejando de lado algunas especificidades de la formación técnica y a su vez algunos espacios para ciertas prácticas artísticas. La Universidad Distrital orientó sus esfuerzos al sector estudiantil de bajos recursos y a la consolidación de carreras como Ingeniería Radiotécnica -antecesora de la Ingeniería Electrónica-, Ingeniería Forestal, Topografía, e Ingeniería Catastral, todas ellas de aplicación directa e inmediata en el ámbito de las dependencias públicas capitalinas. Por su parte, las escuelas de artes abrieron sus puertas a la música popular, al teatro y a algunas prácticas de las artes plásticas ausentes del entorno universitario.

En la década de los años 1970 la Universidad Distrital sufrió una trasformación importante, ampliando su oferta académica a la formación de educadores, por lo que se ve precisada a hacer una apertura de lo tecnológico a los campos pedagógico, científico y artístico bajo el ideal clásico de “universalidad”. Las Escuelas de Arte del Distrito, de manera independiente, continuaron creciendo y lograron afianzarse como espacios de formación legítimos que correspondían a las singularidades y necesidades del ámbito bogotano. Las instituciones educativas distritales siguieron el curso de los cambios que posteriormente culminaron en reformas sustanciales de su estructura y concepción.





Consolidación de las Escuelas de Arte del Distrito y transformaciones del ámbito universitario



Durante los años 1970 y 1980 nuevas condiciones desencadenaron la búsqueda de la profesionalización de los programas educativos ofrecidos por las Escuelas de Arte del Distrito.

La nueva configuración social de la ciudad hizo necesaria la formulación de políticas que tuvieron como efecto la ampliación y diversificación de la oferta educativa. La creación del Instituto Distrital de Cultura y Turismo en 1978 significó el fortalecimiento de la Escuela de Bellas Artes, la Academia Luis A. Calvo, y la Escuela de Teatro. Se fundaron, además, la Escuela de Danzas Folklóricas, la Escuela de Ballet, la Escuela de Música Emilio Murillo y la Escuela de Títeres. Cada una de estas escuelas, con alcances diversos y resultados desiguales, logró reconocimiento y en su conjunto consiguieron congregar sectores sociales relativamente heterogéneos. Las características particulares de las prácticas allí realizadas, la demanda por planes de estudios más sistemáticos y regularizados, los resultados y los niveles alcanzados, motivaron la transformación de algunos de los planes de educación no formal en programas de educación superior. En consecuencia, y con base en las recomendaciones de la ESAP (entidad que realizó un estudio jurídico y de viabilidad de creación de una institución de educación superior para las artes y que diagnosticó la improcedencia de crear una institución con esas características) se estableció un convenio con la Universidad a Distancia, UNISUR. Este convenio fue de corta vigencia debido a la diversidad de políticas derivadas de los cambios de la administración distrital. La ruptura del convenio genera un conflicto administrativo y académico para el IDCT, situación que propicia el acercamiento a la Universidad Distrital y que culmina con la firma del primer convenio interinstitucional el 10 de marzo de 1989.

La Universidad Distrital también estuvo sujeta al proceso de ampliación y diversificación de la educación universitaria. Con la apertura de las licenciaturas en educación en 1973 y la posterior creación de la Licenciatura en Ciencias Sociales, se incorporó un área humanística dentro de la estructura de la Universidad. Sin embargo, las prácticas artísticas se incluyeron gradualmente sólo hasta la década de los años 1980. La entrada de la música, el teatro y las artes plásticas y visuales al ámbito universitario se puso de manifiesto en tres espacios: en los planes de estudio de la Licenciatura en Educación Básica Primaria a través de contenidos puntuales y en asignaturas electivas ofrecidas a las diferentes carreras de la Universidad ; en las actividades extracurriculares, única acción desarrollada hasta ese momento y que dio lugar a la conformación de diversos grupos artísticos culturales como el coro de la UD , diversas agrupaciones musicales, cine clubes, y diferentes colectivos de narración oral que muy pronto se proyectaron a la ciudad; y en el Instituto de Artes y Extensión Cultural creado en la reforma de la Universidad en 1988.

De las Escuelas de Arte del Distrito a la ASAB



A finales de los años 1980, los acercamientos previos entre el IDCT y la UD , dan origen a un primer convenio interinstitucional en 1989 que hace posible, al año siguiente, la transformación de seis de las siete Escuelas de Artes del Distrito en programas de educación superior. Por su parte, la Academia Luis A. Calvo sostuvo su objetivo como proyecto de educación no formal. En 1990 se presentan por primera vez ante el ICFES los programas de formación profesional en Artes Plásticas y Teatro. El ICFES establece el carácter no viable del programa de Artes Plásticas y hace una serie de requerimientos para el programa de Teatro que en ese momento no pudieron ser cumplidos.

En consecuencia, el IDCT decide contratar dos asesores, Jaime Romero Portela y Leonel Morales Reina, para apoyar a los grupos de trabajo que formularían los nuevos programas. El grupo de Artes Plásticas fue conformado por José Daniel Herrera, Guillermina Sinning, Alberto Díaz y Jorge Herrera; el grupo de Artes Escénicas por Amparo Suárez, Carlos del Cairo, Gerardo Bernal, Svetla Pedkova, Yesid Carranza y Germán Pinilla; el grupo de Artes Musicales por Samuel Bedoya, Néstor Lambuley, Alfonso Dávila, Jorge Sossa y Alejandro Mantilla. Para el proyecto de Artes Musicales, la propuesta de creación del Programa a nivel superior estuvo a cargo de los docentes adscritos al Plan Experimental Piloto. El trabajo académico de elaboración de los tres programas fue coordinado por Olga Navia, como Subdirectora Académica del IDCT y por Epifanio Arévalo G. como Director del Instituto de Artes y Extensión de la UD ; la secretaría académica fue asumida por Lorenza Correa R. como funcionaria de la UD.

Los años 1990 significan la consolidación de los proyectos curriculares y el fortalecimiento de la relación entre el IDCT y la UD mediante la renovación paulatina del convenio interinstitucional. En 1991, previa aprobación por parte del Consejo Superior de la UD , el ICFES otorga licencia de funcionamiento a dos de los tres programas de formación artística. Ese mismo año es creada la ASAB como una dependencia del IDCT, que haría posible la consolidación y el desarrollo de los mismos. Los programas de Artes Plásticas y Artes Escénicas inician labores en 1992, y el programa de Artes Musicales lo hace al año siguiente, todos en las instalaciones del Palacio la Merced.

Actualmente, los tres proyectos curriculares de la ASAB , son una respuesta a la creciente demanda de cupos para el área artística que se presenta en el ámbito nacional y distrital. Anualmente se solicitan alrededor de cuatro mil cupos (2004) siendo admitidos setenta aspirantes para cada uno de los programas de pregrado, y otros tantos para los preparatorios en Artes Plásticas y Visuales, Artes Escénicas y Artes Musicales respectivamente. Igualmente, el cuerpo de egresados se ha vinculado satisfactoriamente a diversas áreas del mundo laboral capitalino. Así, en casi tres lustros la ASAB se ha afianzado en el marco de la educación artística en el contexto de la universidad pública colombiana.”

[i] Proyecto de Facultad de Artes ASAB, (2005) Universidad Distrital Francisco José de Caldas. pp. 7-11.

* El autor es docente y Director de Investigaciones de la Facultad de Artes-ASAB.

domingo, septiembre 27, 2009

Vistazo Crítico 76: Arte y política, el lugar de las artes en la sociedad.


Gaitán, detrás de Laureano Gómez: ambos se respetaban y se temían. Foto: Manuel H.


ARTE Y POLITICA, EL LUGAR DE LAS ARTES EN LA SOCIEDAD. Fragmentos del pasado que nos aclaran el presente.

Las Escuelas de Bellas Artes durante a finales del siglo XIX y comienzos del XX en América Latina particularmente la de México y la Brasil fueron muy influyentes en el panorama artístico y cultural de la región. Estas escuelas, bien entrado el siglo XX, están muy influenciadas por las ya decadentes Academias europeas como la de Francia y España principalmente fundadas bajos los preceptos de la Real Academia de Pintura y Escultura de 1648 que funcionaba bajo el impulso de Ana de Austria y, las posteriores modificaciones impuestas por el influyente artista Jacques-Louis David en la era post-revolucionaria hacia el año 1793, cuando la antigua Academia pasa a ser la Academia de Bellas Artes; con esto la academia se despojaba de los valores de la nobleza para impulsar el nuevo paradigma burgués. Las Escuelas de Bellas Artes Latinoamericanas fundadas bajo el precepto burgués del neoclasicismo, determinan el destino de las artes en los principales centros culturales de Latinoamérica. Tal es el caso de Bogotá y su Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá fundada en 1886 cuyo primer director fue el Maestro Alberto Urdaneta[i]. “En un principio la escuela se plantea como una unión entre las Bellas Artes y Artes y Oficios, pero pronto va a separarse por cuestiones de orden político, pues la Constitución de 1886, promovida por el político liberal Rafael Núñez, pretende abolir el sistema político federal, donde cada provincia es autónoma, para centralizar el poder en un gobierno con sede en Bogotá. Este cambio posibilita la creación de la escuela en un ambiente político enrarecido donde conservadores y liberales van a generar una guerra implacable conocida como la Guerra de los Mil Días (1899-1902), que sumerge al país en una crisis económica y propicia la separación de Panamá, aún provincia colombiana. Luego, la hegemonía conservadora va a dirigir al país durante varios años del nuevo siglo XX.[ii]”

En este contexto, el artista e intelectual Roberto Pizano, residente en París en esa época de los años veinte, años de la famosa depresión económica, es invitado por el Gobierno Nacional para dirigir la moderna Escuela Nacional de Bellas Artes de Bogotá. El artista acepta con algunas condiciones: adecuar las instalaciones de la escuela y financiar el proyecto del museo de antigüedades basado en las copias de las grandes esculturas y grabados de la historia del arte. El gobierno conservador de Abadía Méndez[iii], decide financiar tal empresa, y un cargamento de esculturas provenientes de los museos del Prado, el Louvre y el Británico, comienzan una peregrinación por el Océano Atlántico a bordo de varios vapores como el barco “Venezuela” con destino a Puerto Colombia (actual Barranquilla) que traía una de esos cargamentos pedagógicos para la renovada Escuela de Bellas Artes en 1929 cuando Pizano ya era Rector de dicha institución. Los cargamentos remontaban río arriba el Magdalena hasta Girardot donde continuaban su camino en tren hasta la Estación de la Sabana de Bogotá. Pero la muerte del maestro Pizano lo priva de ver su proyecto terminado. Un año después de su muerte, el 9 de abril de 1930 se funda la colección en su honor.

En este momento la capital cuenta ya con Museo de Bellas Artes, lugar que va albergar la prestigiosa colección de yesos y grabados, y por distintas disposiciones gubernamentales esta colección a migrar de un lado a otro hasta su destino final en los años setenta: el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia. Al respecto el historiador Christian Padilla Peñuela dice lo siguiente: “Desde su llegada al país, la situación de la Colección Pizano estuvo ligada a la Escuela de Bellas Artes, ya fuera dependiendo de su localización o de las disposiciones de ésta para ser exhibida en otro recinto, es decir que su peregrinaje es por extensión el de la misma Escuela. La institución se alojó en el edificio de la Academia de la Lengua hasta 1933. El 30 de julio del mismo año, la Escuela abrió sus puertas en el edificio de la Facultad de Ingeniería (actualmente Museo Militar), donde se le cedió un amplio salón a las reproducciones que venían de ser exhibidas en el Colegio de San Bartolomé.[iv]” Luego la colección sigue su peregrinación a la nueva sede de la Escuela en la calle 10ª con carrera 8ª pero por su espacio inadecuado esta pasa a la recién inaugurada Biblioteca Nacional en el Museo de Reproducciones que en ese momento pertenecía a la Universidad Nacional de Colombia. En la década siguiente los años cuarenta, la colección pasa al panóptico que se convertirá desde entonces en el Museo Nacional y finalmente en las instalaciones de la Escuela de Bellas Artes de la Ciudad Universitaria en las décadas de los años cincuenta y sesenta.

Durante estos años la enseñanza de las artes a cargo de prestigiosos artistas e intelectuales se dispensaban en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, donde se formaban artistas de reconocido prestigio: En la década de los setenta luego de los conflictivos sucesos estudiantiles, y el enrarecimiento político en todo el continente, donde proliferaban las dictaduras militares, el Museo de Arte Moderno refundado (1965) dentro de las instalaciones de la Ciudad Universitaria por iniciativa de la historiadora y crítica de arte Marta Traba, luego de haber sido cerrado por el dictador Rojas Pinillas, deja el campus para buscar su sede en el paisaje urbano capitalino. El arte entra en una especie de crepúsculo[v] que propicia el crecimiento de un arte conceptual apolítico[vi], en contraste al arte político de artistas como, Diego Arango, Clemencia Lucena, Pedro Alcántara, Nirma Zarate y Carlos Granada entre otros, que la crítica de arte decide marginar de sus discursos.

Al mismo tiempo la enseñanza de las artes se privatiza y surgen otras escuelas que se quieren demarcar de la tradicional Escuela de Bellas Artes: se fundan la facultad de artes de la Universidad de los Andes que venía se ser creada por Francisco Pizano hijo de Roberto Pizano; se crea también la Facultad de Artes de la Fundación Universitaria Jorge Tadeo Lozano. A finales de los ochenta antes de terminar la primera administración de centro del Alcalde Antanas Mockus, se consolida la Academia Superior de Artes de Bogotá durante la Alcaldía de centro derecha de Enrique Peñaloza, que se convertirá en 2005, durante la administración del Alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón hasta entonces de izquierda, en la facultad de Artes-ASAB de la Universidad Distrital y a inicios del 2000 se crea la carrera de Artes Plásticas de la Pontificia Universidad Javeriana. La misma Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional cambia su nombre por Escuela de Artes Plásticas a finales de los noventa. Toda huella hacia un pasado apoyado en valores burgueses en decadencia parece desaparecer. Hoy solo queda rastro en el nombre del edificio que alberga la nueva escuela.

Desde entonces, el panorama artístico local ha cambiado enormemente y varios son los actores principales de tal escena artística. A la influencia de la academia en la formación de artistas, gestores culturales e intelectuales, se le añade el poder político que no ha dejado de determinar la creación de espacios de reconocimiento y consolidación de artistas contemporáneos como los que apoya la Alcaldía local, Bancos y corporaciones (como el Banco de la República), Ministerios[vii] y ex presidentes como el caso del conservador Belisario Betancurt (y su influencia en editoriales prestigiosas) y el liberal César Gaviria quien ha creado su propia galería de arte (nueveochenta) apoyando a sus artistas protegidos con difusión de su pensamiento en medios masivos de comunicación como la revista Cambio, El Espectador, entre otros.

Las discusiones de hoy en la Esfera Pública del arte contemporáneo son un ejemplo perfecto de los espacios que se pretendía defender de una u otra orilla en Colombia hace ya varias décadas en un marcado bipartidismo donde otra opción política diferente era asfixiada. Cada posición deja entrever una postura política clara y diáfana en unas, oscura y densa en otras como aquella de los años cuarenta entre los artistas Ramón Barba e Ignacio Gómez Jaramillo[viii], que materializan las querellas intelectuales, políticas y estéticas entre un representante conservador como Laureano Gómez defensor de valores burgueses en decadencia y un socialista como Jorge Eliecer Gaitán[ix] defensor de un arte moderno y de vanguardia como el de Débora Arango y el de Carlos Correa[x]. El arte en este sentido es absolutamente político, pues es consecuencia directa de los intereses económicos y culturales de unas clases sociales en permanente fricción.[xi] Frente a esa vieja tensión surge una tercera vía donde la esfera del arte se apoya en lo ético, lo que Jacques Rancière llama “el giro ético de la estética y la política”[xii] y donde el arte hoy más que ayer debe ser absolutamente político. Esta posición hace frente a la nebulosa idea generalizada y consensual que consiste en afirmar que todo arte contemporáneo por el sólo hecho de ser contemporáneo es político. Frente a tal falsedad, queda una opción: desenmascarar las posturas ideológicas de lo apolítico de la política, por emplear la expresión ranceriana, que afectan el mundo del arte contemporáneo. Un pensamiento apoyado en la teoría crítica juega aquí un papel fundamental.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, domingo 27 de septiembre del 2009 antes de ir a votar.

notas:
[i] Consultar la tesis del profesor William Vásquez: Escuela Nacional de Bellas Artes de Colombia: 1886-1899. Tesis de maestría en Historia y teoría del arte, la arquitectura y la ciudad. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2008.

[ii] Arcos-Palma, Ricardo. La colección Pizano: una aventura pedagógica en la época de la reproductibilidad técnica. En “El legado de Pizano. Testimonios de una colección errante”. Universidad Nacional de Colombia. 2009. p. 20.

[iii] Durante esos años el gobierno conservador de Abadía Méndez intenta sofocar el movimiento socialista en creciente aumento dado las condiciones políticas y la crisis económica de los años veinte. Estos movimientos populares son fuertemente reprimidos por el Gobierno con apoyo de las trasnacionales, tal como sucedió en la Masacre de las Bananeras de 1928.

[iv] Padilla Peñuela, Christian. La Colección a través del tiempo. Despertares de 80 años en recurrente catalepsia. En El legado de Pizano. Testimonios de una colección errante”. Universidad Nacional de Colombia. 2009. p. 59.

[v] Huertas Sánchez, Miguel Antonio. El largo instante de la percepción. Los años setenta y el crepúsculo del arte en Colombia. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2005.

[vi] Herrera, María Mercedes. La emergencia del arte conceptual en Colombia. Tesis de maestría en Historia. Pontificia Universidad Javeriana. 2009.

[vii] El Ministerio de Cultura, fue creado en 1997 durante el gobierno liberal de Ernesto Samper Pizano, en reemplazo de Colcultura creado a su vez durante el gobierno liberal de Carlos Lleras Restrepo en 1969 como parte del Plan de las Américas destinado a frenar la influencia cultural de la Revolución Cubana en el continente latinoamericano.

[viii] Carta del maestro Ignacio Gómez Jaramillo dirigida al Rector y al Consejo Directivo de la Universidad Nacional donde narra los hechos de cómo fue herido el maestro Ramón Barba con esquirlas de arma de fuego, luego que éste le había amenazado públicamente. Bogotá septiembre 28 de 1940. Archivo de la Universidad Nacional de Colombia.

[ix] Fundador del Salón Nacional de Artistas en 1940.

[x] Al respecto leer: Jaramillo, Carmen María. Una aproximación a la consolidación del arte moderno en Colombia y Lleras, Cristina. Politización de la mirada estética, Colombia 1940-1952, En Arte, política y crítica. Revista Textos N° 13. Documentos de Historia y Teoría. Maestría en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2005. También consultar Padilla Peñuela, Christian. Jorge Eliecer Gaitán: Dinamita y mecha en el arte colombiano. En Mataron a Gaitán: 60 años, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia. 2008.

[xi] Consultar Bourdieu, Pierre. Las reglas del arte. Barcelona: Anagrama, 1995, y Hausser, Arnold, Historia social de la literatura y el arte. Barcelona: Debolsillo, 2005.

[xii] Arcos-Palma, Ricardo. Estética, ética y política en la filosofía de Jacques Rancière. Conferencia inaugural en el encuentro internacional “Estéticas contemporáneas”, realizada el 8 de octubre del 2007 en La Paz -Bolivia y publicada en el 2009 en Estéticas contemporáneas, por la Fundación Simón Patiño y la facultad de filosofía de la Universidad Mayor de San Andrés.

lunes, septiembre 21, 2009

Vistazo Crítico 75: Detenerse a Respirar.




VISTAZO CRÍTICO A DETENERSE A RESPIRAR.

En la sala de exposiciones del Centro Colombo Americano, se exhibe la muestra “Detenerse a Respirar” de los jóvenes artistas Natalia La Reina y Esteban Sánchez. Este proyecto se inscribe dentro de lo que Carlos Blanco director de la galería denominó Relevos: “como concepto de reemplazos sucesivos de artistas, grupos o géneros etc. en distancias o tiempos iguales dinamizan el ejercicio donde se propone una relación de grupo a manera de un gran experimento. Entre una puesta en escena, exposición, audiovisual y otra existirá un periodo “relevo” tiempo durante el cual entre el artista entrante y saliente se generara un proceso colaborativo que genera una interesante yuxtaposición. Todo será una gran acción colectiva continua con un resultado por descubrir.” Carlos Blanco insiste que este espacio genera una apertura hacia las prácticas artísticas contemporáneas donde cada artista o grupo se compenetra con la anterior. En esta ocasión el relevo dos, corresponde a Esteban Sánchez y a Natalia La Reina.



Esta exposición tiene una particularidad: la de mostrarnos otra faceta de hacer arte político. A mi pregunta si lo que ustedes hacen es arte político? Sánchez responde: “claro que sí; pero de otra manera con acciones y temas que en ocasiones no parecen trascendentales”. Recuerdo su anterior proyecto The love in the air, donde el amor fue el detonante de propuestas de varios artistas quienes insistían que con el amor el mundo puede ser otro, así como solía pensarse en los años setenta. La Reina en el texto de presentación de la exposición dice: “Cuando duele tanto ver violencia por todas partes y hastía que además se utilice tan recurrentemente como tema en el arte colombiano, como necesidad, clisé o facilismo; hay que detenerse a respirar, no sólo metafóricamente, hay que apartarse de todo buscando un lugar que resignifique el estar vivo de una manera tranquila y fuerte a la vez. Hay que limpiar los pulmones, la mente y el espíritu, hay que reencontrarse con la grandeza y simplicidad del aire, el agua y la tierra.” De tenerse a respirar es un señalamiento de un lugar que está cada vez más desapareciendo: el páramo. Ecosistema importante de nuestras cordilleras que por el recalentamiento planetario, parece estar condenado a desaparecer, frente a nuestra total indiferencia.



La Reina y Sánchez suben a esas cimas del Páramo del Cocuy, y realizan una serie de acciones que luego son llevadas a la sala de exposiciones a través del vídeo y la instalación. En una de esas acciones vemos a La Reina vestida con un traje de fieltro blanco (expuesto en la galería) en la cima de una montaña. Ella con los brazos abiertos parece intentar detener las nubes que pasan a su lado. Cuando parece que eso es imposible, ella se quita el traje y comienza a exprimirlo contra su cuerpo a través de un abrazo, cariñoso y tierno, para nada fuerte: su mejilla aprieta el traje y sus manos retuercen suavemente la prenda para hacer destilar agua pura que luego cae formando un riachuelo. Metáfora sencilla de un proceso que todos sabemos fundamental para el equilibrio del ecosistema, pero que cada vez más está en peligro. De esa acción en la galería se exhibe un frasco lleno de “Jugo de nube”; hermoso objeto que se convierte en un vestigio inestimable de lo que quizá en muy poco tiempo será tan preciado como el oro negro: el agua, por el cual varios países ya han iniciado su empresa predadora como Francia y Estados Unidos. Recordemos la famosa Guerra del Agua en Cochabamba Bolivia (2001), que generó un proceso social sin precedentes hasta la presidencia de Evo Morales y que logró que las multinacionales principalmente las francesas pagaran lo que realmente deben pagar por el preciado líquido.



Otra de las obras es la desarrollada por Esteban Sánchez, quien se detiene a comer hielo: su cuerpo en un proceso de enfriamiento devora con muchas ganas pedazos de nieve. Esta idea vuelve e insiste en el carácter vital del agua, como fuente de vida y energía. El título de la muestra alude directamente al aire: en efecto ese lugar que por fortuna ha sido declarado reserva natural, es una burbuja de aire puro. El aire Sánchez intenta atraparlo con una bolsa de papel que luego transporta a la galería, como si ese pequeño e importante gesto se convirtiera en la única manera de recordarnos que hay que respirar. Pero en un lugar como Bogotá, una de las tres ciudades más contaminadas del Planeta, esa acción es una verdadera fisura en nuestra conciencia.

En la sala encontramos otras dos acciones: La Reina mira un paisaje que se proyecta en la otra pared: cuando ella cierra los ojos, la imagen proyectada en la pared del frente desaparece. Esta obra más allá de artificio técnico, logra adentrarnos en esa relación de corporeidad, donde nuestro cuerpo por unos instantes logra tener frío. Así mismo esta sensación se ve acentuada por otra de las acciones de Sánchez que nos deja oir su respiración y el sonido que genera un recipiente de cristal frotando con una vara de metal, sonido que ce acentúa por la inmensidad del espacio.
En esos espacios donde el ser humano deviene ínfimo y se ve reducido a nada, paradójicamente aumente en humanidad. En esas obras hay un lejano vestigio del movimiento romántico alemán que insiste en el valor de la naturaleza y de la importancia del equilibrio entre ella y el ser humano. Pero el referente más directo que podemos encontrar es el artista contemporáneo polaco Frans Krajcberg nacionalizado en Brasil, donde el artista realiza una obra-combate contra los colonos predadores de la selva amazónica.



Los artistas insisten en la importancia de lo que significa hacer un alto y tomar el aire: “Esteban y yo, inmersos en una sociedad que nos pide día a día dar todo lo que podamos, enredados en afectos y desencuentros cotidianos, entendiendo que somos diferentes pero que nos gusta reír juntos; decidimos tomarnos de la mano para ir tras ese necesitado aliento, para acompañarnos en la búsqueda personal de lo que para cada uno significa respirar. Esteban ha luchado toda su vida para que sus pulmones no le fallen, ha estado cerca de la muerte desde que era niño y la considera su amiga, sabe que el aire es lo más valioso que existe pero que algún día podría escapársele. Yo por mi parte siempre he creído que la muerte ni siquiera sabe que existo y que no vendrá a buscarme en mucho tiempo. Amo los páramos desde que tengo memoria, cada vez que he ido a uno me he sentido aún más viva, más limpia y más segura de que soy fuerte y de que el aire nunca dejará de quererme” dice Natalia La Reina. Hablando con Esteban, con la respiración entrecortada, él insiste que el cambio es verdaderamente individual, interior, sólo así, un cambio podría ser colectivo. Como no pensar en Antonin Artaud quien afirmaba en términos similares al artista que la verdadera revolución es interior e individual.

Finalmente vemos en la sala de exposiciones una carpa, la misma que les sirvió de abrigo en esos diez días, donde se proyecta desde el interior una imagen de la Laguna de los Verdes, una de las tantas reservas de agua que aún existen en ese magnífico lugar, tan lejano para nosotros citadinos. En este mismo instante en que escribo estas líneas, la sirena de una ambulancia me recuerda que esos sitios como el Páramo del Cocuy son un verdadero tesoro. Y ahí radica quizá la importancia de la obra de estos artistas que conforman el colectivo Nadie Opina. Detenerse a respirar es una verdadera provocación estética en un mundo cada vez más industrializado donde la lentitud es proscrita y donde el acto natural de respirar es un verdadero combate.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá 21 de septiembre del 2009.

viernes, septiembre 18, 2009

IN MEMORIAN DE MANUEL H.




IN MEMORIAM DE MANUEL H.


En el centro de Bogotá, en la antigua Calle Real, hoy Carrera 7ª con calle 22, se encuentra un lugar maravilloso, que se resiste al paso del tiempo: un lugar donde reposa la historia misma de la fotografía moderna del país, un lugar donde Manuel H (1920-2009), el reconocido fotógrafo vivió entre sus miles de fotos de personajes famosos, sus cámaras y cientos de anécdotas que el mismo fotógrafo estaba hace muy poco, dispuesto a contar a los visitantes cada vez que él se detenía frente a una de sus fotos u objetos. Hace ya varios meses, gracias a la invitación del curador y coleccionista Carlos Alberto Gonzales y en la compañía de los artistas Erika Diettes y Germán Arrubla descubrí esté maravilloso lugar lleno de historia y a Manuel H. Al entrar al lugar y ver las paredes tapizadas de fotografías en color y sobre todo en blanco y negro y, al recorrer ese espacio laberíntico guiado por el mismo Manuel H. y sus hijas y nietos que velaban sobre él como cuando se guarda el más preciado tesoro, me di cuenta que era realmente afortunado el poder estar ahí. Pero al mismo tiempo me pregunté si esa fortuna era compartida. Me di cuenta que ese personaje, quien fue uno, sino el más grande de los fotógrafos colombianos junto a Leo Matiz entre otros, merece un lugar mejor en la historia de nuestro país, que en ocasiones es injusta con aquellos que han hecho la historia. Y ese es el caso de Manuel H.

Cuando salí de ese lugar, bastante emocionado, un día cualquiera del mes de mayo, me puse a revisar la obra del fotógrafo y me propuse realizarle un homenaje en vida. El mes pasado por invitación de Bibliored, mostré una faceta desconocida o poco estudiada del fotógrafo: su visión estética de la ciudad de Bogotá bajo el título: Bogotá: ciudad revelada. Estética, ciudad y fotografía bajo el lente de Manuel H. Sus fotos que generosamente sus familiares me autorizaron a divulgar, fueron recibidas con gran admiración por el público de las tres bibliotecas públicas del Tunal, Tintal y Salitre que conocían muy poco del fotografo salvo uno que otro que le conoció personalmente en sus caminatas del centro de Bogotá o por sus clichés fotográficos de las corridas de toro de la Santa María. Manuel H, recogió en su lente la historia misma del país. Sin proponérselo se convirtió en el fotógrafo por excelencia de las corridas de toros: el retrato del famoso torero Manolete realizada en 1946 dejó en claro que su visión y su cámara lograba retratar lo más profundo del ser humano. Siguieron retratos de personajes célebres del mundo cultural como, Lucho Bermudez, Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Jorge Riberos, Alejandro Obregón, Eduardo Ramírez Villamizar, León de Greiff, la mayoría de ellos tomados sin que el retratado se diera cuenta lo que hace de esos retratos fotos reveladoras del carácter del personaje, cosa difícil de captar. Los personajes del mundo de la política también fueron objetivo de su lente, como Luis Carlos Galán, Misael Pastrana, Álvaro Gómez Hurtado y el mismo Jorge Eliecer Gaitán antes y después de su asesinato. Personajes del mundo del deporte como Raúl Rossi y del mundo de la farándula como la única Miss Universo que hemos tenido la señorita Caldas Luz Marina Zualuga, El trío Los Panchos, y el presentador Pacheco entre. Pero a él le interesaban no solamente esos personajes públicos, sino también los personajes anónimos como los “gamines” de Bogotá que fotografió tantas veces sin ningún afán altruista como esa foto que él título: “Sin futuro” (1971), donde vemos a un niño sentado en un andén del centro de Bogotá con la mano sosteniendo su rostro de mirada desoladora.

Manuel H. también fue testigo de hechos históricos transcendentales de nuestro país: el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán y la revuelta popular que siguió a este hecho conocida como el Bogotazo (1948) donde buena parte de la ciudad fue destruída; este hecho hizo que Manuel H, se convirtiera en reportero para la prensa. La caída de Rojas Pinillas en 1957 también fotografiada. Su lente captó la acelerada transformación urbana de Bogotá: en estas fotos podemos ver las famosas salas de cine de los años cincuenta como el Teatro Colombia (hoy Jorge Eliécer Gaitán) y el Teatro México, o el Olympia de los años ochenta. La construcción de la torre de Colseguros que reemplazó el tímido edificio de dos plantas de Icollantas (1964) y la construcción de las Torres del Parque (1970). Las fotos de hechos cotidianos como el desbordamiento del río San Francisco también era capturado en su lente momentos memorables como la venida del Papa Pablo VI (1969) y la visita de los Reyes de España (1976) o una corrida en la antiguo Chapinero en una improvisada plaza de toros frente a la Iglesia de Lourdes (1962). La historia de Bogotá y del país político y cultural fue congelada por Manuel H.

Su casa es hoy un verdadero museo donde se ven miles de fotos que tapizan los muros, cientos de cámaras que dan cuenta de su profesionalismo. Aún recuerdo su generosidad cuando nos invitó a seguirle al cuarto oscuro y nos mostró con revelar una foto. Ese personaje con esa melena leonina blanca, como la de aquellos genios que ya no existen, se ha ido pero nos ha dejado una huella imborrable que ha sido recogida en una mínima parte en una bella edición: “Manuel H: setenta años de reportería gráfica en Bogotá”. Editada por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural bajo la Alcadía de Lucho Garzón. Un homenaje tardío pero justo a tiempo para un hombre que merece aún más. Sin lugar a dudas el país y toda la clase política y cultural que él inmortalizó le debe mucho a Manuel H. Esperemos que la Historia lo ponga en el lugar que se merece. Mientras tanto qué en paz descanse.
Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, 19 de septiembre del 2009.

www.manuelh.org

http://www.citytv.com.co/videos/23622

http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_blog=4036597&id_recurso=450018633&random=9973

domingo, septiembre 06, 2009

Vistazo Crítico 74: Dulce Compañía de Alvaro García Ordoñez.




DULCE COMPAÑIA: Vistazo Crítico a la obra de Álvaro García Ordoñez.

El artista colombiano Álvaro García Ordoñez, residente en Estados Unidos, expuso hace poco en La Fundación Santillana su más reciente obra “Dulce Compañía”. El título de esta obra alude de manera directa a la oración entonada al Ángel de la Guarda quien está encargado de velar por nuestra seguridad según el Catolicismo. Un ángel que nunca nos deja y que nos protege de todos los males. Un ángel que enfunda una espada lista a cortar cabezas. La obra de García Ordoñez http://www.alvaro-garcia-ordonez.org/ más conocida en Alemania donde el artista vivió prácticamente quince años y, paradójicamente desconocida en nuestro medio, se nutre de un contexto donde la violencia era el pan de cada día. Una violencia matizada por un profundo sentimiento religioso.



Así, en la obra de García Ordoñez surgen figuras del imaginario Cristiano: Vírgenes, Divinos Niños y Ángeles principalmente. Estas figuras forman procesiones que se sumergen en el agua, símbolo para el artista de sanación pese a su carácter mortuorio. El agua para el artista está íntimamente relacionada con la historia de los ríos de nuestro país, que servían –y quizá aún-, para transportar no solamente embarcaciones sino cuerpos de las víctimas de la violencia. El artista recuerda como de niño su madre les gritaba desde la orilla del río para que saliera del agua, pues unos "bultos" de fique flotaban en ella arrastrados por la corriente. El artista sin saber que significaba eso, veía flotar esos costales, cuasantes de la interrupción de sus juegos infantiles. Años más tarde el va a saber que eran esos bultos flotantes.

El artista en Dulce Compañía expuso algunas fotografías donde veíamos batallones de vírgenes y ángeles marchando en el agua. Pero la obra que más me interesa resaltar es realizada en un lugar cercano a la Peña Cundinamarca -lugar panelero y origen del artista, foco de una violencia intensa-, donde las armas de los mafiosos, de los guerrilleros y los paramilitares eran cosa cotidiana. Pero estas armas realizadas por el artista tendrán un destino distinto: ellas se fundirán en una gran marmita para que los que las utilizado hecho puedan beberlas; las armas realizadas en panela, se convertirán en el elemento terapéutico para sanar esas cicatrices difíciles de curar en los actores del conflicto. Esta idea será retomada por desmovilizados de la guerra (paramilitares y guerrilleros), quienes fabricaran esas armas las cuales serán fundidas y transformadas en líquido curativo. Es bien sabida las virtudes curativas del agua de panela y García Ordoñez la utiliza como catalizador en performance colectivo que apenas comienza. Este proyecto deberá ver la luz gracias a la Comisión Nacional de Reconciliación quien hace un año se interesó en la obra del artista.



García Ordoñez es uno de esos artistas que lejos de todo protagonismo han dedicado su obra desde hace más de quince años a cuestionar el papel de la violencia en una sociedad como la nuestra. Dulce Compañía es un cuestionamiento a la idea de Seguridad, cimiento mismo de la violencia. Las armas de panela colgadas en la pared de la galería de la Fundación Santillana, son un testimonio de que la guerra puede tener un final. Aquellos que antes se mataban, realizarán armas de panela con un sentido terapéutico. En esta acción se encuentra la fuerza de la obra de García Ordoñez, quien cree en poder curativo del arte. En este sentido su obra, desborda el terreno del arte y se inscribe en el contexto social. Por lo tanto su obra es un verdadero ejemplo de arte y política. Para nada es una pose, como la que asumen artistas nada comprometidos, y quienes se ufanan de ser artistas políticos. A la pregunta de si usted es un artista político, García Ordoñez responde: Yo solamente hago arte que tiene que ver con la realidad, en este caso nuestra realidad nacional. Si eso es arte político sí soy un artista político.

Dulce compañía es una reflexión artística donde el papel de la industria armamentística fuente de ingresos enormes en los países fabricantes de armas como Francia, Israel, Rusia y Estados Unidos, es cuestionado. El rol humanitario de estas naciones frente a la noción de Seguridad es fuente de grandes tensiones políticas en el mundo entero. Para nadie es un secreto esto. Y el arte aquí se convierte en un factor de señalamiento y saneamiento para aquellos que alguna vez utilizaron armas para matar.

Ricardo Arcos-Palma.

Bogotá, septiembre 1 del 2009.

http://www.alvaro-garcia-ordonez.org/

http://revista.escaner.cl/node/263

Vistazo Crítico 145: John Nomesqui: naturaleza, tejidos y reciclaje.

JOHN NOMESQUI: NATURALEZA: TEJIDOS Y RECICLAJE.   En estos tiempos hablar de Arte y Naturaleza se ha convertido en un lugar común...