martes, julio 15, 2014

Vistazo Crítico 125: Línea Rota de Horizonte de Carlos Garaicoa.





LÍNEA ROTA DE HORIZONTE DE CARLOS GARAICOA.
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NC-ARTE

Hay una constante en la obra de Carlos Garaicoa: la reflexión sobre la ruina y el deterioro arquitectónico. La arquitectura sirve entonces como verdadero pre-texto para materializar una serie de interrogantes que giran en torno a la noción de utopía, ese no-lugar que mueve y anima todos los sueños e ilusiones del progreso social, económico y político de nuestros países. La construcción no es solamente material sino también ideal parece insistir el artista con su obra Línea rota de horizonte, expuesta en Bogotá. Cuando los proyectos arquitectónicos fracasan, quedan inconclusos o simplemente se deterioran con el pasar del tiempo al punto de convertirse en unos monumentos a la ruina, es un ideal social y político el que fracasa. El artista afirma al respecto:

La inconclusión en la arquitectura me ha sugerido muchos interrogantes a lo largo de los años: ¿Qué factores económicos y políticos se esconden tras un edificio abandonado y al límite de su estado ruinoso? ¿Qué pasado y qué futuro los rodean? ¿Cuáles son las narrativas que se pueden tejer a través de su existencia y de su imagen actual? ¿A quién pertenecen estas ruinas? ¿Son ruinas del pasado o ruinas del presente?”[i]

Si tomamos en serio las preguntas que se hace y nos hace el artista deberíamos orientar nuestra mirada crítica hacia ese horizonte aunque esté roto y su lectura sea algo compleja. La muestra está compuesta por una serie de maquetas de madera, metal y concreto y sus proyecciones en la pared dibujadas con alfileres e hilos, así como fotografías en blanco y negro impresas en vinilo de algunos edificios ruinosos de Donetsk, La Habana y Bogotá. Estos maquetas grises remiten a ciudades de países donde se evidencia un deterioro social y político: Ucrania hoy se encuentra en un tire y afloje entre La Unión Europea apoyada por los Estados Unidos y Rusia que tiene intereses económicos y por ende políticos en este pequeño país que hacía parte de la antigua Unión Soviética. Cuba que aún resiste a los Estados Unidos y a su inhumano bloqueo económico, intentando mantener una utopía revolucionaria que parece cada vez más pura ficción. Y por último Colombia, que pese a su estabilidad económica, no ha logrado elaborar un verdadero pacto social; muestra de ello es su desequilibrio político e injusticia social que hoy tienen al país entre el dilema de escoger entre una paz duradera o una guerra insensata que parece no acabar nunca.


Una de las obras que componen la muestra se titula “La pesadilla Ucraniana (Esquina). (2014). Y el título ya nos hace pensar une pasado colonial de la modernidad y presente político aún matizado por intereses coloniales en esta región del mundo. En toda una pared, el artista dispuso una fotografía en blanco y negro sobre vinilo de un edificio como los que hemos descrito que se encuentra en la ciudad de Donetsk. Las líneas del techo (de una esquina) del edificio se proyectan hacia lo alto de pared. A medida que asciende, va inclinando su ángulo agudo hacia un horizonte lejano. A esta esquina le salen unos receptores solares transformándose en un satélite como el Astra A4, antiguo Sirius 4, artefacto fundamental para las telecomunicaciones que controla la Unión Europea. Pero también podría ser una referencia a la EEI (Estación Espacial Internacional) que últimamente ha sido noticia por la crisis ucraniana, pues el transporte de los astronautas en su mayoría estadineneses es asegurado por Rusia. La utopía terrestre materializa en ese edificio en ruina, se traslada a la utopía espacial que también está a punto de caer en ruinas.

Y aquí aparece con fuerza el fantasma del pasado colonial de Donetsk, fundada en  1869 por el empresario británico John Hughes, en una región rica en carbón y acero. Con la Revolución Rusa en 1917 esta tomó mucha importancia y cambió su nombre por Stálino en 1924 en honor a Stalin y al acero. Bien podemos imaginar el papel que desempeñó esta ciudad dentro de la industria bélica por lo cual durante la Segunda Guerra Mundial fue casi destruida y luego invadida por los alemanes. En los años sesenta para eliminar la memoria de Stalin la ciudad vuelve cambiar de nombre y hoy se convirtió en el bastión de la rebelión popular pro rusa y antieuropea, quienes han proclamado la República Popular de Donetsk.

 

Garaicoa una vez más logra ponernos a pensar con sus obras, sobre el presente y el pasado de una manera inteligente, donde ellas devienen vestigios de una aventura utópica, “donde la política se emparenta a laarquitectura, que se restaura, se edifica, se arrasa, se conserva o simplementese deteriora y cae en ruina[ii], una y otra vez pero dejando tras de sí una huella que es como un monumento gris que sueña con ser habitado en condiciones dignas.

Ricardo Arcos-Palma.
Bogotá Julio 15 del 2014

Notas:




[i] Garaicoa, Carlos. Línea rota de horizonte. Texto de presentación para la exposición en NC-ARTE.Bogotá, 2014.
[ii] Arcos-Palma, Ricardo. Carlos Garaicoa y su fin de silencio. Vistazo Crítico 106.  La Habana, mayo del 2012.

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