domingo, agosto 31, 2008

Vistazo Crítico 57: Los desaparecidos: arte y política en el Mambo.



ARTE Y POLÍTICA: Vistazo crítico a “Los desaparecidos”.[i]

“La cuestión de las imágenes está en el corazón de esta gran confusión del tiempo, nuestro “malestar en la cultura”. Habrá que saber mirar en las imágenes donde ellas son las sobrevivientes. Porque la historia, liberada del puro pasado (este absoluto, esta abstracción), nos ayuda a abrir el presente del tiempo”.

George Didi-Huberman. Images malgré tout.

Bastante se ha discutido en estos últimos tiempos, sobre la relación del arte con la política. Muchos afirman que todo arte es en sí mismo político. Otros afirman que el arte debe ser apolítico. Yo hago parte de una pequeña minoría que cree que no todo arte es político[ii], pues esta particularidad de la creación surge en determinados momentos históricos con mayor fuerza. Para confirmar esta hipótesis, me he apoyado en los últimos tiempos en la obra del filósofo francés Jacques Rancière quien nos muestra la relación entre arte, ética y estética donde la política por supuesto tiene un lugar fundamental[iii]. Pero esto no se queda en el plano puramente especulativo, el arte nos da cuenta de ello. Existen numerosos ejemplos de artistas que trabajan en este sentido: Doris Salcedo, José Alejandro Restrepo, Raúl Naranjo, Fernando Pertuz, Wilson Díaz, Lorena Zilleruelo, Alvaro García Ordoñez, Erika Diettes, el Colectivo Mujeres Creando, etc. Por estos días, el público bogotano ha podido apreciar en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, una exposición colectiva curada por Laurel Reuter, directora del North Dakota Museum: Los desaparecidos. Esta exposición relacionada íntimamente con Arte y violencia en Colombia, curada para el MAMBO a finales del siglo pasado por el historiador Alvaro Medina, reafirma la idea de la existencia de una estrecha relación entre lo político y el arte que “riñe con el pensamiento de los que creen que arte y política son excluyentes. Para desvirtuar este argumento valen más las obras realizadas que las citas, ya que la historia prueba que con frecuencia la violencia está ligada a altas consideraciones políticas y a secretas razones de Estado, de modo que no raras veces –independientemente de sus causas y justificaciones- la violencia estremece a los creadores de la cultura...”[iv]. Echemos entonces un vistazo crítico -luego del texto de Jorge Peñuela- a esa exposición la cual considero importante dado el momento histórico por el que atraviesa el país.

Hay una fecha de referencia para la exposición: 1948. Época de post-guerra. Se instala la famosa “Guerra fría” que acentúa aún más la distancia entre los países del Este y Oeste, entre los países comunistas y lo capitalistas. En los países del Oeste, se teme la influencia comunista y socialista y por lo tanto se instauran estrategias políticas destinadas a “frenar” esta oleada roja en el continente Latinoaméricano. Estas estrategias, la historia lo ha demostrado, no fueron del todo muy humanas: en ese mismo año, el líder liberal colombiano Jorge Eliecer Gaitán es asesinado y se da comienzo a una guerra civil, con consecuencias que aún hoy vivimos. Comienzan a instalarse con el beneplácito de los Estados Unidos una serie de dictaduras militares que van a crear varios años de violencia y exterminio de sus opositores. En Cuba el dictador Fulgencio Batista es derrocado por el movimiento rebelde en el año 1959. Se teme de la influencia de la Revolución Cubana para el resto del continente. El Plan para las Américas se pone en Marcha, así como el famoso Plan Cóndor de finales de los años sesenta, que termina, consolidando los regímenes de terror en buena parte de América Latina. Esta exposición haceeco a al pensamiento de Walter Benjamin, quien afirmaba que la Historia, solo nos sirve para entender el presente.

Al entrar en el Museo, encontramos en una de las paredes una frase que no deja de erizarnos la piel por su crudeza: “A veces matar era como cortar flores...[v]”. Esta frase enunciada por un paramilitar colombiano desmovilizado nos pone del lugar del victimario en contraste con las voces de los testigos de las víctimas que oiremos en el silencio de la exposición. Víctimas en su mayoría de las dictaduras del cono sur del continente: Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile. Así en el recorrido encontramos la obra “In Memoriam” (1981-88) del artista uruguayo Antonio Frasconi compuesta por 56 monotipos que representan retratos de víctimas de la dictadura uruguaya de los años setenta. Estos rostros extraídos de la prensa y pintados a en tonos lúgubres, se alternan con algunos textos como este: “En la década de los años setenta fuimos testigos de una de las más despreciables violaciones de los derechos humanos que haya ocurrido en la historia moderna”. Esta obra desarrollada en la década posterior a los hechos, nos cuenta como el ser testigo de algo aberrante, nos pone quizá al lado mismo de la complicidad, si no se hace nada. La denuncia aquí se convierte en una arma estética para enfrentar el silencio cómplice.

El colombiano Juan Manuel Echavarria nos muestra su obra “N.N” (2005) sigla que designa los cadáveres sin identificación. Esta instalación fotográfica se apoya en el fragmento del cuerpo. El cuerpo fotografiado según el artista, no es un cuerpo real, es un maniquí que a sufrido varias mutilaciones. Este hecho, le hace pensar en esos cuerpos víctimas de la violencia, que siembran nuestros campos colombianos y sirven de alimento a los peces en nuestros ríos que se han convertido en los mayores cementerios del mundo. “Fotografié el maniquí –dice el artista-, como si fuera una autopsia emocional, observé con cuidado las múltiples heridas que presentaba su cuerpo. Era como un cadáver que de inmediato asocié a los cuerpos mutilados y descuartizados de la interminable historia de la violencia en Colombia”.

El brasilero Cildo Meireles en los años setenta y ochenta, realiza una serie de acciones plásticas denominadas “Inserción en circuitos ideológicos: proyecto Coca-Cola”. La acción consistía en intervenir varias botellas vacías de Coca-Cola con la frase “Yankee Go Home”. Luego ponía a circular las botellas vacías que llegaban a la embotelladora trasnacional, para ser reutilizadas. Fueron cientos de botellas que el artista intervino, generando así una clara resistencia en ciertos circuitos comerciales identificados con discursos ideológicos colonizadores. Esta obra se convertiría entonces en una estrategia crítica y política. En la exposición vemos tres de estas botellas que dan cuenta de la sutil intervención del artista.

En el sótano del Museo, lugar que acentúa el carácter dramático de la obra, vemos el resultado artístico de un trabajo colectivo realizado con los defensores de la memoria y de los derechos humanos en Argentina: Las madres de mayo. Una instalación fotográfica “Identidad” mostrada por primera vez en 1998 en el Centro Cultural Recoleta en Buenos Aires. La instalación está compuesta por varias fotografías en blanco y negro de detenidos arbitrariamente, quienes luego de ser torturados fueron desaparecidos. La mayoría de ellos en campos de concentración y detención clandestinos como la Mansión Seré. Hoy funciona en ella, desde el año 2000, gracias al incansable trabajo de asociaciones políticas, La casa de la memoria y la vida y la dirección de los derechos humanos. Las fotos que componen la instalación están enmarcadas en un gran espejo que abarca todo el recinto y donde el espectador puede verse el rostro. Esas fotos son de los jóvenes detenidos en su mayoría mujeres que dieron a luz durante su cautiverio varios niños y niñas. Esas fotos nos recuerdan las rostros de esas madres forzadas a serlo, que luego fueron asesinadas y sus hijos dados en adopción[vi].

El artista colombiano Juan Manuel Echavarria nos muestra sus vídeos titulados “Bocas de ceniza” (2003-04), donde unas personas de origen afro, del pueblo Bojayá en Chocó en el pacífico colombiano, entonan una canciones compuestas por ellas mismas, luego de que su pueblo fuera víctima del enfrentamiento entre guerrilla y paramilitares en el 2002. Sus rostros en primeros planos dejan ver el sufrimiento y el desamparo al que han sido sometidos durante varios años. Sus cantos son preguntas sin respuesta que surgen de una guerra insensata que el Estado no ha logrado solucionar. Sus cantos se convierten en lamentos de impotencia donde la esperanza parece haber partido de sus miradas. No deja de ser absolutamente conmovedora esta obra, pues en este caso las víctimas (las que han sobrevivido) están ahí, pero ¿pero por cuánto tiempo? Nos preguntamos imaginando que quizás ese canto no volvamos a escucharlo. En ese sentido esa obra se convierte en un testimonio invaluable de las consecuencias de la guerra política que desangra al país desde hace ya más de cincuenta años.

Luis Gonzales Palma con el talento que le caracteriza, logra mostrarnos con sus fotografías-collage, esa no presencia, ese esfuerzo por traer a la memoria lo que tiende a desaparecer en el olvido. En “Ausencias” (1997) y “Entre Raíces y Aire” (1996-97), vemos surgir figuras que acentúan una cierta fantasmagoría. El tiempo parece superponerse frente a nuestra mirada, pero insistiendo que el pasado debe perdurar. El artista dice: “Concibo estas fotografías con la esperanza de que la imagen incluirá y que en alguna manera expresará lo invisible: la palabra y la experiencia fundamental que guarda toda esta aventura visual”. Es decir hacer evidente lo no dicho cuando se habla y lo no visto cuando miramos. Michel Foucault diría en el capítulo dedicado a las Meninas en Las palabras y las cosas, ese punto de invisibilidad que hace que nosotros aparezcamos. Así los desaparecidos podrán tener un lugar en nuestra memoria para no caer en el olvido.

El chileno Arturo Duclos realiza una instalación “Sin título” (1995) con 66 fémures humanos (que no pertenecen a las víctimas valga la pena aclarar), formando el contorno de la bandera chilena. Esta obra bastante irreverente no deja de ser un señalamiento al periodo de la dictadura chilena donde la represión fue total. “Sin título se llama mi obra –dice Duclos-, por la obviedad de ella misma, su elocuencia se explica como emblema triste de toda una nación que desprotegió a sus ciudadanos”.

Una de las obras que nos impresionan es “Monumento para la memoria” (2005) del artista colombiano Oscar Muñoz. En este vídeo, vemos como el afán por configurar un rostro que desaparece inevitablemente, nos acerca al enigma de la muerte. Un mano dibuja un rostro que lentamente va desapareciendo sin dejar una huella. Esta obra logra mostrarnos de una manera magistral que la memoria está atada por lo visual. Si no aparece en la visibilidad su existencia se pone en cuestión. De ahí se desprende el drama de los familiares de los desaparecidos que no logran ver a su ser querido, así sea en forma de cadáver.

Nicolas Guanini presenta su instalación escultórica “30.000” compuesta por varias columnas de metal pintadas en blanco y de la cual surge un rostro según el punto de vista del observador. Ese rostro es el de su padre, periodista asesinado al igual que otras 30.000 víctimas, número al que alude el título.

La obra bastante conocida de Luis Camnitzer “De la serie de la tortura uruguaya” (1983) es una reunión de fotografía y texto donde vemos objetos y fragmentos del cuerpo que nos hacen pensar en el método más atroz asimilado por los militares sudamericanos en la Escuela de las Américas. Método terrible puesto en marcha por los franceses en la Guerra de Algeria (1954-62). Estas fotos son realizadas por el artista en el sótano de su casa, los objetos, las manos y partes del cuerpo que vemos son del propio Camnitzer. Aquí hay una simulación de una cierta situación que logra solidarizarnos con aquello que sabemos y no vemos. La tortura antecedía las desapariciones luego de detenciones arbitrarias y bajo sospechas, sin pasar por un juicio. Hoy los prisioneros de Guantánamo siguen siendo víctimas de estos atroces hechos.

Finalmente otra obra que llama nuestra atención es la de Ivan Navarro: el trabaja con luces de neón que recubre de negro y donde se dejan leer algunos nombres de militares vínculados a la dictadura. Esta obra esta dispuesta a manera de escalera. Los nombres de esos personajes el espectador puede leerlos en un cuaderno que acompaña la escalera. La otra obra se titula “Maleta” donde vemos cuatro lámparas de neón, igualmente negras donde podemos leer cuatro nombres de víctimas de la exportación del terrorismo que asesinó a tres norteaméricanos y a un chileno fuera del territorio chileno. Esto nos recuerda el acuerdo nefasto del Plan Cóndor, firmado por las dictaduras sudamericanas con complacencia de los Estados Unidos, que ignoraba la soberanía de los pueblos y aseguraba una cooperación policial bastante cuestionada hoy para perseguir a los opositores de los regímenes totalitarios.

En suma esta exposición que se exhibió al público estadounidense inicialmente, hace un recorrido por el continente y estará en el MAMBO de Bogotá hasta el 24 de este mes. Podríamos pensar que por su carácter histórico nos habla de un lejano pasado; sin embargo, todos sabemos que aún existen ciertos restos del fascismo en nuestros países. De ahí la importancia de este tipo de exposiciones, pues nos recuerdan que el pasado puede retornar o aún no ha dejado de ser pasado. Con esta exposición queda demostrado como lo insinué al comienzo, que no todo arte es político, como se cree equivocadamente en nuestro contexto. Lo que vemos en esa exposición si es absolutamente político, porque se acentúa el carácter crítico en la obra.

Saliendo de la exposición el sol brilla en esa mañana bogotana. En mi mente esos grupos de colegiales que veían la exposición y al mismo tiempo las últimas noticias donde el presidente de la República, quiere reformar la justicia. La Corte Penal Internacional le acaba de advertir al presidente, que los jefes paramilitares extraditados a los Estados Unidos podrán ser juzgados en un juicio internacional si siguen las trabas a la justicia colombiana. Al mismo tiempo varios políticos del gobierno son liberados por ser declarados por la Fiscalía carentes de toda sospecha por sus vínculos con el paramilitarismo y algunos de la oposición quienes destaparon el affaire de la parapolítica extrañamente ahora son investigados por acusaciones del gobierno. Sin embargo el presidente goza de un alto grado de popularidad, dicen los medios de comunicación locales. Una vez más el arte es absolutamente realista porque nos revela que la realidad está viciada por la creencia y los silencios, por la pugna entre la verdad y lo falso en un mundo de simulaciones.

Ricardo Arcos-Palma.

Bogotá 29 de agosto del 2009.

notas:


[i] A mi hermano Alfredo, quien luchó después de asesinado, por no permanecer desaparecido.

[ii] Vistazo Crítico al Salón Nacional de Artistas.

[iii] Estética y política en la filosofía de Jacques Rancière, Conferencia inaugural en Estéticas contemporáneas, Espacio Patiño, La Paz-Bolivia, octubre, 2007. Jacques Ranciére: estética, ética y política, ponencia para el segundo Congreso Nacional de Filosofía. Cartagena de Indias, septiembre 2008.

[iv] Medina, Alvaro. Arte y violencia en Colombia. Catálogo de la exposición. Museo de Arte Moderno de Bogotá, 1999. p. 11.

[v] Testimonio de un paramilitar desmovilizado.

[vi] Ayer 28 de agosto del 2008, día histórico para los defensores de los derechos humanos, fueron condenados a cadena perpetua varios militares argentinos implicados en hechos atroces de torturas y desapariciones: “La justicia a tardado pero llegó y estoy feliz de este hecho histórico” decía la porta voz del colectivo de Las Madres de Mayo, hoy casi una abuela.

post-scriptum:

agradezco la lectura atenta de Jorge Dávila quien me hizo ver ciertos errores de escritura

domingo, agosto 24, 2008

Vistazo Crítico 56: Fotomaratón.


FOTOMARATÓN: Bogotá en la mira de los fotografos...


El filósofo y semiólogo Armando Silva sostenía el pasado miércoles en un conversatorio privado con sus invitados catalanes los arquitectos Josep María Montaner y Zaida Muxi Martinez, que el arte es una de esas "estrategias de resistencia" frente a las ciudades globalizadas que ceden cada vez más su espacio público a los grandes capitales financieros haciendo de la ciudad cada vez más menos calida. Una perfecta ilustración de las palabras de Armando Silva, del arte como resistencia, es el evento que se desarrollará en Bogotá los días 13 y 14 de septiembre del presente año: el Fotomaratón. Evento organizado por el Museo Nacional de la Fotografía-Fotomuseo tiene como particularidad el generar otra mirada distinta de la ciudad a través de la estética y los imaginarios urbanos.

Los encargados de esta noble labor son fotografos amateurs y profesionales quienes durante el segundo fin de semana del mes próximo, saldrán a las calles capitalinas a fotografiar varios aspectos de la ciudad, que van desde la arquitectura antigua, moderna y contemporánea, hasta los habitantes urbanos con sus diferentes actividades culturales, cotidianas, etc. El resultado de las anteriores versiones hace preever que esta versión de la Fotomaratón será sin lugar a dudas bastante interesante. Los capitalinos recorremos la ciudad cotidianamente y terminamos por olvidarla.

Win Wenders en su película Alicia en las Ciudades, decía camara en mano y conduciendo su auto: "la fotografía nos muestra lo que nuestros ojos no ven". Esto mismo sucederá durante la Fotomaratón que reunirá a todos los amantes de la fotografía para que a través de sus imágenes nos revelen esa otra Bogotá que ya no vemos, que se oculta ante nuestros ojos, aconstrumbrados al ritmo cotidiano o simplemente cansados de la polución. No hay que olvidar que Bogotá es una de las ciudades más contaminadas del continente después de Ciudad de México. La fotografía en esta ocasión hará ver la ciudad de otra manera o de una manera crítica.

Varios premios se darán a los fotografos que capten la ciudad con sus imágenes análogas y/o digitales. El jurado conformado por prestigiosas personalidades del mundo del arte local, tendrán la dificil tarea de escoger las mejores imágenes que surjan de esta carrera fotográfica. Más allá del premio, lo interesante es ver como este evento se perfila como una de los más importantes, no solamente del país, sino del continente.

Su gestora y promotora la fotografa Gilma Suárez, insiste que "este evento es sin lugar a dudas una contribución del mundo del arte a la ciudad. Es una posibilidad de llevar el arte a sectores que tradicionalmente no está en contacto con él." De ahí que su idea muy original de El museo de la calle, haya sido aplaudida y acogida en Europa y otras ciudades de Latinoamérica. Esta idea es coherente con su pasión por los museos, la cual le ha llevado a desarrollar una original serie fotográfica de los museos más prestigiosos del mundo en particular de los franceses.

La nueva versión de la fotomaratón será la ocasión de reunir varios fotografos colombianos y extranjeros en busca de imágenes urbanas inéditas. Un reto cada vez más grande. Así pues durante el fin de semana del 13 de septiembre, si usted ve varios fotografos corriendo de un aldo a otro y capturando imágenes, no se preocupe, no son paparasis sino fotomaratonistas que imaginaran y revelaran otra ciudad o quizá la misma que habitamos todos los días pero que desafortunadamente ya no vemos.

Ricardo Arcos-Palma
Bogotá, 24 de agosto del 2008.

pd: si aún no se ha inscrito en la fotomaratón aún hay tiempo!!!

Vistazo Crítico Transversal 23: Las olimpiadas.



LAS OLIMPÍADAS SINGULARIDAD DE LAS NACIONES

Por Efer Arocha
Escritor

El término Olimpíadas se origina en la ciudad griega de Olimpia, desde antes de nuestro calendario. En su significación actual comunica una idea general de encuentro, cuya finalidad es la emulación para hallar la calidad mediante la competencia delimitada en un espacio concreto, y en un tiempo específico, en la cual el sujeto[i] no se expresa en su unicidad sino que su existencia la determina la cantidad. Su modo de ser está en la multitud en acción, donde el enfrentamiento es la consecuencia de la acción razonada; es decir, la racionalización de la idea que le abre la vía a lo particular. Lo particular por una parte reafirma lo general, y por la otra envía a lo singular. En la presente fenomenología, lo particular resulta ser el deporte, y lo singular los participantes. Estos últimos no como individuos, sino como unidades genéricas que logran su concritud a través de lo simbólico y del concepto que expresa los contenidos de nación, para poder fundirse en una unidad.

Tenemos entonces que estamos frente a la singularidad de la acción como alternativa fiable y segura para develar la noción de contenidos cualificativos que no tienen otra finalidad distinta al de alcanzar el resultado para establecer la diferencia, y mediante ésta conquistar la afirmación singularizante.

Para descubrir la esencia de lo afirmativo, resulta obligatorio hacer mínimas consideraciones. El deporte como lo entendemos hoy, es una actividad muy reciente, no va más allá de los siglos XVIII y XIX. Empezando porque el término es un anglicismo que la nobleza inglesa usaba para designar sus agradables momentos de distracción, en este espacio lo lúdico tenía ya una de las funciones principales. El acto de jugar es el que abre las puertas al placer, en consecuencia en el plano de lo cognitivo, la acción deportiva es la realización del placer del sujeto en tanto que unidad aislada, única y autosuficiente. Aquí estamos frente al individuo en el parasí. Significa que la finalidad fundamental del deporte es la recreación del sujeto para realizarse en su interioridad. Sin embargo, el individuo en el parasí, no se origina en el seno de la nobleza inglesa, sino en el individuo en el ensí de la historia, en esa capacidad intrínseca que el sujeto tiene para jugar. Es por esto que todas las culturas de la antigüedad, tales como la japonesa, árabe, indú, egipcia entre otras, practicaban una forma de deporte de acuerdo con sus valores culturales y niveles de desarrollo material. Culturas que nos han dejado mínimos elementos para afirmar desde la perspectiva del placer, que existió el individuo en el plano del ensí placentero; es decir, poseían una capacidad deportiva. Otras consideraciones son el producto de la hipótesis, pero no de la prueba.


De los dos anteriores señalamientos podemos colegir que el deporte es por esencia una manifestación del placer del sujeto que lo practica, que desde luego es una conclusión parcial. Si nos limitáramos sólo a ella, sería una conclusión reducionista. Desde la misma antigüedad encontramos que la acción lúdica presenta otros contenidos. En la décima quinta Olimpíada, llevada a efecto en el 720 antes de nuestra era, los espartanos ganaron los juegos por primera vez, con una representación conformada por hombres y mujeres. En algunas de las competencias participaban desnudos, con la finalidad de exhibir todas las cualidades de sus cuerpos, entre las que se destacaba el vigor de los músculos. Lo anterior no sería más que una anécdota de la historia de las Olimpíadas, si no fuera porque el músculo al descubierto tiene una simbología mucho más profunda. Espartanos y atenienses tenían distinto modelo de organización social. Es suficiente con señalar, que mientras las espartanas participaban en las Olimpíadas, a las atenienses les estaba prohibido hacerlo, inclusive mirarlas. Tres siglos más tarde Pericles diría sobre el mismo tema: “los espartanos nos exhiben sus músculos en advertencia de guerra, mientras que nosotros competimos con el objeto de prepararnos para el ejercicio de la democracia” El anterior hecho nos devela con claridad que una cosa es el deporte por el deporte, manifestación que sólo la puede realizar el sujeto, y otra muy distinta, el deporte en grupo cuyo objetivo fundamental es la competencia. Constituido este en representación de un país que busca lograr la afirmación.



Retomando lo actual, lo que denominamos modernidad, no es cosa distinta al fenómeno de civilización que cada vez se distancia más del ser[ii] donde el sujeto recrea la naturaleza para recrearse asimismo. Uno de los efectos de esta recreación es su desanimalización que se manifiesta de muchas maneras. Una de ellas está en el fenómeno de quietud. Mientras que el hombre primitivo del día a la noche estaba en constante movimiento, fuera por desplazamiento o por trabajo, el hombre contemporáneo en su cotidianidad escasamente camina con esfuerzo de su voluntad; testimonio de ello son los ascensores y las escaleras automáticas. Como podemos analizar, la quietud le hace perder esencia, en razón de que desaparece una de sus cualidades primigenias, el movimiento físico, como una de las formas de existir del cuerpo. La acción del cuerpo era una manifestación connatural; significaba que lo lúdico-físico expresaba su calidad; calidad que ya no existe. En su reemplazo el movimiento del cambio establece ahora la necesidad. Necesidad de animalizarse para reestablecer una armonía entre el individuo y la naturaleza volviendo a ella. Con lo anterior se demuestra claramente el principio de necesidad deportiva en su expresión moderna.

En la sociedad actual el deporte es uno de sus elementos constituyente, significa que ella sólo puede ser sociedad plena en la medida que es deportista. Por esto, una entidad[iii] humana es inconcebible al margen de alguna manifestación deportiva. El deporte se convierte entonces en una columna fundadora que le establece espacio y tiempo de existencia al conformarse como constituyente identitario. En el plano de la identidad es donde surge la necesidad de la afirmación razonada, por el lugar que ocupe en la escala de los valores deportivos en un tiempo significativo.

Todo el análisis precedente tenía como finalidad desentrañar dos elementos capitales, que al señalarlos aparecen como obvios al sentido común. El deporte como necesidad individual, y como necesidad social. Las dos categorías establecen una fenomenología de interrelación. Desde la perspectiva de la cognición, significa que el deporte para que pueda serlo, está en el uno y en el otro. Por una parte es individuo y por la otra es sociedad.

En cuanto al primer caso como lo demostramos en parágrafos anteriores, para que el individuo pueda realizarse como verdadero sujeto deportivo, sólo le es posible si el deporte se realiza en el parasí, hecho que se logra mediante la armonía entre sujeto y ser. La armonía le garantiza la realización del placer. Pero ¿qué sucede?. El hombre postmoderno, como aclaramos en el texto, no tiene acceso al placer, él accede al deporte por la vía del displacer, forzado por dos necesidades: por salud corporal en busca de la cura, y por estética, huyendo de la forma de barril para alcanzar la belleza de las formas, garantía de la buena presentación de su cuerpo. Es el precio que paga por haber perdido su valor primigenio de animalidad. Una tercera categoría entra en escena consecuencia de la interrelación, - sujeto-sociedad -.

Lo social-deportivo es un todo que no es asible. En tanto que categoría general, se materializa a través de la competencia. Para que la competencia pueda realizarse es necesario que se den varias condiciones, nos detendremos mínimamente en algunas indispensables para el análisis.

La competencia se sustenta en el individuo no como tal, sino en referencia a otras unidades o grupos, donde el sujeto desaparece como unidad, cesa su individualidad para convertirse en tanto que unidad, en una unidad referencial. Unidad que sólo puede tener existencia frente a otras unidades referenciales, sean éstas individuos o grupos. Lo referencial crea un espacio y un tiempo que le es característico, es el que le abre cabida a lo social-deportivo. Lo social-deportivo, no obstante de ser una noción general, tiene aprehensibilidad e inaprehensibilidad, que es la que le permite su existencia general. Siendo por una parte inaprehensibilidad, pero por la otra es concritud. Esta última categoría la encontramos en el resultado. Sin el resultado la competencia carece de sentido, deja de ser, en razón de que el resultado es la esencia de la competencia, porque él es la medida de la calidad del encuentro, la que en términos categoriales es lo singural-deportivo-social, enunciada en el título del presente trabajo.

El resultado es por lo tanto el objeto de la competencia, su cima, el fin último, en el resultado se funde el deporte, es su manera de ser. En esta condición condensa la subjetividad y la objetividad de la acción deportiva, tanto en lo individual como en lo social. En lo que concierne a lo individual en el campo de lo subjetivo es ilusión, deseo y sueño que funden el motor del individuo en el desempeño de la competencia. En cuanto a lo objetivo, empieza por anular o afirmar al sujeto participante. En la fenomenología de la afirmación, el resultado se manifiesta como una accesibilidad. Quien no accede, no sólo es anulado sino destruido, porque cesa de ser un elemento constituyente del a acción deportiva. Por el contrario, quien accede, sigue un proceso cualificador donde lo social le presenta una vía objetiva y otra subjetiva. En cuanto a la primera, ésta le abre las puertas del beneficio económico, convirtiéndolo en profesional del deporte con usufructuación de adehalas, las que en la mayoría de las veces alcanza el nivel de riqueza, y en lo que concierne a la segunda, es lo que el lenguaje popular denomina la gloria.



En el plano de lo social, en relación con lo subjetivo, la competencia es para la cantidad el delirio de su transposición. La acción deportiva es el espejo de la muchedumbre, cada espectador es a su vez un competidor a través de su anhelo y del deseo, los cuales lo funden en el seno de la competencia, convirtiéndolo en un deportista imaginario que lleva a cuestas la ansiedad de victoria. Su cuerpo deja de ser real para transfigurarse, trasmutándose en el participante real de sus preferencias; hecho que produce la enajenación positiva, a causa de que el espectador al participar desanuda sus fuerzas interiores para liberarlas. En cuanto a lo objetivo lo encontramos partiendo de lo subjetivo, en la realización de su delirio; unas veces como alegría y otras como pesar. En el momento en que escribo esto, acaba de suceder en las Olimpíadas un ejemplo ilustrativo. Liu Xiang, héroe del atletismo de China y medalla de oro segura para su país, en el momento de iniciar la competencia de eliminación de los 110 metros con vallas, tuvo que abandonar por lesión. El suceso produjo estupor y un dolor tan intenso que el estadio quedó semivacío pocos minutos después. Es por esto que la multitud encuentra en la competencia su continuación, porque ella es al causa de la acción deportiva. Turbamulta y competencia se funden en una sola unidad de opuestos para dar lugar a una nueva fenomenología, la del espectáculo. Tiene poco interés aquí si éste se realiza en una calle, estadio o en la televisión. Lo trascendente es que el espectador participa con sus gritos, aplausos, desaprobaciones, decepciones, pesares, iras o con actos trasgresores en relación con el dictamen del resultado.

El deporte al ser una de las principales actividades de lo social, es la síntesis de la cantidad en la cual se desarrolla. Cuando la competencia alcanza niveles de trascendencia significativa, emerge una nueva categoría; la que en principio se manifiesta como identidad razonada, para luego mediante la emulación concretizar la singularidad. La singularidad en este tipo de acción deportiva funde un conjunto de valores que muestran la calidad del participante, que en este caso no es propiamente el individuo. El competidor es apenas el instrumento de la cantidad hecha síntesis. Lo decisivo, es la representación que se comporta como lo que es, una unidad que resulta identificante e identificadora, por sus contenidos cualificativos y simbólicos.

La unicidad es singularidad que se desentraña en el acto simbólico. El símbolo lo rebasa todo. Él lacra el momento dramático e inexorable, el instante cuando la ilusión y el sueño de la representación se convierten en realidad. Momento en que la muchedumbre ruge y el suelo de la nación se estremece al oír las notas del himno y mirar en forma presencial o en la televisión, como sube lento el pabellón nacional en confirmación de la victoria que refrenda la pertenencia, la que luego asciende a lo universal como registro de memoria; es el caso que acaba de suceder en este instante en las Olimpíadas de Pekin, Usain Bolt, el hombre más veloz de los 100 metros, termina de convertirse en el rayo de los 200 haciendo historia, que es gloria para la tierra jamaiquina.

París, 20 de agosto de 2008

[i] Sujeto: término filosófico que alude al individuo o al género en su condición de especie.

[ii] Ser: término de la filosofía para hacer alusión a la naturaleza en su expresión de finitud e infinitud.

[iii] Entidad: aquí es una noción gnoseológica que contiene significantes que envían al concepto de país o región, que abarca contenidos que rebasan lo geográfico


jueves, agosto 14, 2008

Vistazo Crítico 55: René Peña.



RENÉ PEÑA: BLACK ALBUM.

Ayer se inauguró la sexta versión de Fotología con la exposición del artista invitado, el cubano René Peña. Su obra expuesta en la sala principal de la galeria SantaFe y en la sala alterna del Planetario Distrital de Bogotá, es un recorrido por el cuerpo y una exaltación de la fotografia en blanco y negro. El negro y el blanco, en estas imágenes logran crear un cierto misterio. Los cuerpos de individuos afros, en ocasiones del mismo René Peña, acentuan la sensualidad y un cierto homoerotismo a la manera de Mapplethorpe. Cuerpos desnudos que exponen sus pectorales, sus espaldas, sus piernas y nalgas exaltando la belleza masculina. Un cuchillo que remplaza el falo, un calsón blanco que contrasta con el cuerpo del modelo, quien en ocasiones se le ve sentado en unos huevos, tan blancos como la leche. Quizá esta coincidencia, nos hace pensar en un dejá vu (ya visto), lo que podría restarle algo de interés a la muestra.




Sin embargo, existen fotografías bastante interesantes que vale la pena resaltar: Los primeros planos del cuerpo: un ombligo, que parece devenir una verdadera perforación, acentuando el erotismo, las líneas de la mano y las venas, que semejan cadenas de caminos y cadenas de montañas, los dedos... entre otras partes del cuerpo agrandadas al extremo, y que nos hacen olvidar por un instante que son parte de un cuerpo humano; estas imágenes se acercan a una cierta geografía anatómica, como insistiendo que el cuerpo es ante todo un territorio, permitiéndonos pensar de una manera diferente ese "enigma de carne y hueso", por emplear la frase de Antonin Artaud al referirse al cuerpo. En este sentido la obra de Peña es una verdadera revelación, pues expone a la luz la belleza de esos cuerpos, llenos de historia y acallados por ella misma, silenciados a las sombras de la intolerancia.




Quizá la parte más interesante de la exposición es la que se encuentra en la sala alterna. La fotografía en esta ocasión se confronta con el objeto. Un muñeco que es fotografiado a los ojos. Esa imagen es ampliada y se expone frente al muñeco. Algo similar sucede con un souvenir de Francia, donde vemos la torre Eiffel que ha sido fotografiada en uno de sus puntos de apoyo. O el patito de caucho, de esos que utilizamos en las tinas de baño, confrotado con su imagen ampliada. La Torre de Pisa en miniatura desaparece por completo al ser fotografiada. Los objetos estan encerrados en urnas de cristal, como insistiendo en el carácter expositivo de la obra. ¿Qué se expone? ¿El objeto, la mirada... la fotografía?

La fotografía en este caso parece devenir puro objeto, cosa en si, por la estrecha comunicación que se establece entre ellos al intervenir nuestra mirada. La imagen fotográfica se deshace en el objeto y este a su vez en la imagen en una íntima relación dialectica. Nuestra mirada entonces contribuye a esta relación perdiéndose en la contemplación del objeto fotografiado. En suma la obra de René Peña, abre este evento de Fotología de una manera aceptable y discreta, aunque tratandose de un artista invitado hubiesemos esperado más. Fallas de la curaduría.

Ricardo Arcos-Palma
Bogotá 1 de agosto del 2008.

post scriptum
En una charla informal que tuvimos con el artista en un bar de la capital bogotana, pude aclarar ciertas ideas sobre su obra que expongo ahora a los lectores de Vistazos Críticos. La serie que interroga a los objetos y los confronta con su propia imagen, surge de una reflexión de René Peña bastante interesante: el mundo en el que vivimos está rodeado de basura, de objetos sin ningun valor real, que termina contaminando nuestro entorno. Frente a esta reflexión los objetos y las fotos de René Peña, nos permiten adentrarnos en el mundo de lo kitsch, de lo autenticamente falso y reproducido en serie, en alguna fábrica China, o hecha por obreros chinos mal pagados en cualquier taller clandestino del primer mundo. En este sentido, este artista cubano, no hace una apología a lo kitsch como podría suceder con varios artistas contemporáneos. Por el contrario asume una posición crítica frente este. Creo que en este sentido, su obra cobra otras dimensiones frente a la mirada del espectador que se encuentra sin lugar a dudas frente a una serie -en proceso-, contundente y crítica del entorno en el que vivimos.

Vistazo Crítico 144: Estefanía García Pineda y Cerro Matoso.

LATITUD CERRO MATOSO Hacia una geografía corporal del conflicto " Yo viajo para conocer mi propia geografía ".  P...