domingo, noviembre 22, 2009

Vistazo Crítico 79: Arte, religión y política.


ARTE, RELIGION Y POLITICA.


En estos días circuló en el espacio de la Internet Esfera Pública una carta muy interesante del teórico del arte Guillermo Vanegas, dirigida al Papa Benedicto XVI donde interpela sus palabras enunciadas el sábado 21 de noviembre frente a 250 artistas entre los que se encontraban el video artista Bill Viola y el arquitecto Santiago Calatrava. Estos artistas parecen estar de acuerdo con las palabras del Sumo Pontífice quien insiste que el arte hoy está lejos de un cierto ideal de belleza que sin duda ya no se reclama de una cierta espiritualidad. A tal cuestionamiento Vanegas le pregunta en su misiva al Papa:

“Permítame preguntarle por qué dice usted que “la belleza de que se hace propaganda es ilusoria y falaz, superficial y deslumbrante hasta el aturdimiento y, en vez de hacer salir a los hombres de sí mismos y abrirles a horizontes de verdadera libertad atrayéndoles hacia lo alto, los aprisiona en sí mismos y los hace aún más esclavos, faltos de esperanza y de alegría”. Me inquieta un poco el hecho de que su recomendación implique una descalificación –general y de hecho-, en contra de expresiones que no quepan en el marco planteado por usted. Incluso, pienso en los efectos que esta postura tendrá dentro de la comunidad católica. Por ejemplo, me gustaría saber si usted consideró que su posición puede inspirar reacciones refractarias por parte de feligreses que se acerquen a una exhibición artística y utilicen la perspectiva de evaluación que usted enseña sobre el arte, para invalidar alguna obra que no se ajuste a los parámetros mencionados hoy en la Capilla Sixtina.” (1)


Cattelan.

En su comunicado el Papa reconoce el papel desempeñado por la Iglesia como garante del arte y el arte como parte importante dentro de ese diálogo con Dios y de la palabra divina en el mundo. En su texto el Pontífice hace referencia a esos grandes artistas que han logrado recordarnos que el arte es una manifestación de Dios en la tierra y recuerda la palabras de dos de sus antecesores quienes intentaron restablecer el lazo en ese momento frágil entre la Iglesia y los artistas:

“Significativas circunstancias enriquecen este momento. Recordamos los diez años de la Carta a los Artistas (2) de mi venerado predecesor Juan Pablo II. Por primera vez, en la vigilia del Gran Jubileo del Año 2000, ese pontífice, también él artista, se dirigió directamente a los artistas con la solemnidad de un documento papal y el tono amigable de una conversación entre "los que con apasionada entrega --como reza la dedicatoria-- buscan nuevas 'epifanías' de la belleza para ofrecerlas al mundo a través de la creación artística". El mismo Papa, hace ya veinticinco años, proclamaba patrono de los artistas al beato Angélico, presentándole como un modelo de perfecta sintonía entre fe y arte. Pienso también en el 7 de mayo de 1964, hace 45 años, cuando en este mismo lugar se realizaba un histórico evento intensamente querido por el Papa Pablo VI para reafirmar la amistad entre la Iglesia y las artes. Las palabras que pronunció en aquella circunstancia resuenan todavía hoy bajo la bóveda de esta Capilla Sixtina, tocando el corazón y el intelecto. "Nosotros os necesitamos --dijo--. Nuestro ministerio necesita vuestra colaboración. Porque, como sabéis, nuestro ministerio consiste en predicar y hacer accesible y comprensible, es más, conmovedor, el mundo del espíritu, de lo invisible, de lo inefable, de Dios. Y en esta misión... vosotros sois maestros. Es vuestro oficio, vuestra misión; y vuestra arte consiste en aferrar del cielo del espíritu sus tesoros y revestirlos de palabra, de colores, de formas, de accesibilidad" (Enseñanzas II, [1964], 313). Era tanta la estima de Pablo VI por los artistas que le llevó a manifestar expresiones verdaderamente audaces: "Y si nos faltara vuestra ayuda -seguía diciendo--, nuestro ministerio se haría balbuciente e incierto, y tendría necesidad de hacer un esfuerzo, diríamos, para ser artístico en sí mismo, es más, convertirse en profético. Para alcanzar la fuerza de la expresión lírica de la belleza intuitiva, necesitaría hacer coincidir el sacerdocio con el arte" (Ibídem, 314). En aquella circunstancia, Pablo VI asumió el compromiso de "restablecer la amistad entre la Iglesia y los artistas", y les pidió hacer lo propio y compartirlo, analizando con seriedad y objetividad los motivos que habían turbado esa relación, asumiéndose, cada quien con valentía y pasión, la responsabilidad de un renovado y profundo itinerario de conocimiento y de diálogo, de cara a un auténtico "renacimiento" del arte en el contexto de un nuevo humanismo”.


Cattelan


No deja de sorprendernos estas palabras provistas indudablemente de un gran tinte político que nos hace recordar que la Iglesia no ha abandonado su misión evangelizador a y el arte bien lo sabemos juega aquí un papel fundamental, tal y como sucedió en la Época Colonial (impregnada del Medioevo) donde el arte era un elemento alfabetizador. Increíbles semejanzas se encuentran en el arte con una carga ideológica marcada como lo era el Realismo Socialista en la primera mitad del siglo XX: el “papa de los comunistas” Lenin, sabía el papel fundamental que juega el arte en la “educación del pueblo”. Es conocido su pasión y conocimiento por el arte y la literatura donde el cine ocupa un lugar fundamental: Lenin al ver los primeros episodios de Intolerancia (1916) película de David W. Griffith, ordena a su comisionado de Educación Lunacarski nombrar a Griffith patrón del cine soviético, pues descubrió en el artista la genialidad para vehicular las ideas del partido si esté aceptaba tal denominación. Cosa que no sucedió para decepción de Lenin. El poder, político y religioso saben perfectamente lo que puede el arte. El uno como el otro apoyados en la creencia logran instaurar su propia fe, en unos la fe en el pueblo y en otros la fe en Dios. Pero como dice el filósofo Pierre Legendre (3) ambos son extremadamente creyentes. Quizá esa fue la juntura que Walter Benjamin trató de poner en evidencia. Pero bueno eso es otro asunto que nos desvía de nuestro propósito.


La Civilización Occidental y Cristiana. Le Ferrari.


La iglesia sabe perfectamente que en estos tiempos de crisis de su institucionalidad, el arte puede seguir jugando un papel fundamental. De hecho uno de sus mayores apóstoles-artista es Mel Gibson quien en el 2004 puso al aire su película “La pasión de Cristo” la cuál despertó una gran polémica por su carga ideológica y antisemita según la comunidad judía. Sin embargo frente a esta cruzada ciertos artistas responden con arte: quizá uno de los más críticos es el artista italiano Mauricio Cattelan quien con su obra logra cuestionar el papel desempañado por la iglesia: El Papa Juan Pablo II aplastado por un meteorito, un cura de rodillas con un misil que le sale de la boca, y Hitler de rodillas listo como para recibir la sagrada comunión. Otro de esos artistas es bastante polémicos que sin duda no hicieron parte de esos 250 artistas invitados al vaticano es Leo Ferrari (4) quien en 1965 presentó su obra “La Civilización Occidental y Cristiana” donde Cristo está crucificado en un bombardero de la armada de los Estados Unidos. Estos dos artistas se caracterizan por un nuevo realismo donde la postura crítica es evidente. Otros artistas como el colombiano José Alejandro Restrepo, no critican directamente a la Iglesia en si como institución sino al papel que la religiosidad y la creencia han jugado en contextos como el nuestro (5).

Para la iglesia parece no tener sentido el esfuerzo de filósofos como Nietzsche, quien insistía en el cuestionamiento del platonismo, que precisamente insistía en la separación del cuerpo y el alma donde el mundo ideal predomina sobre el material. Benedicto XVI al referirse al genio de Miguel Ángel, olvida o finge no saberlo, que el artista fue uno de los pioneros en tratar de lograr la libertad e independencia del artista y su obra del yugo de tiranos como el Papa León X y el Papa Julio II, quienes le obligaron prácticamente a pintar y a esculpir lo que hoy reconocemos como una de las obras más grandes de la historia del arte. En cartas a su hermano: Miguel Ángel decía: “Vivo aquí en gran angustia y con la mayor fatiga corporal; no tengo amigos ni los busco. Ni siquiera tengo tiempo bastante para comer lo necesario.” A su padre le decía “Vivo de una forma sórdida, sin reparar ni en la vida ni en los honores –es decir, en el mundo- y padezco las mayores privaciones e innumerables aflicciones y temores”. Y a amigos les escribía ya en su vejez lo siguiente: “Soy un hombre pobre y de poco mérito, que sigue trabajando en el arte que Dios me dio, para alargar mi vida lo más posible.” “La pintura y la escultura, el trabajo y la buena fe, han sido mi ruina y ando continuamente de mal en peor. Mejor me hubiera sido dedicarme a hacer cerillas en mi juventud! No tendría tal angustia del alma”(6).



San Bartolomé. El juicio Final. Miguel Angel.


Tal angustia del alma sin duda Buonarotti la representó en la angustia del cuerpo en los “condenados” del Juicio Final y de la serie de los “esclavos” del monumento funerario para el Papa Julio II. Pero el artista en un gesto como el de Cattelan y de Ferrari, logró burlarse del Papa cuando le pintó en la Capilla Sixtina desollado por San Bartolomé, a quien precisamente sus acciones fueron excluidas del Nuevo Testamento, en la misma Capilla que hoy Benedicto XVI celebra con entusiasmo el retorno de la belleza, frente a los ojos enceguecidos de aquellos que aún no han querido aceptar que también existe una Estética de la fealdad (Karl Rosenkranz, 1853), y una Historia de la fealdad (Umberto Eco, 2007).


Job II. J. Restrepo.

Hablar de belleza en un mundo cada vez más innoble es una verdadera aberración. Recuerdo una obra de Bill Viola que presencié en la Capilla Saint- Louis de la Salpetrière, en el otoño del 98 París. Verdaderamente reveladora e interesante sin lugar a dudas. Dos años después de esa experiencia yo escribía una reflexión que me suscitó el verla: “La imagen del hombre, lo elimina por completo. Ya no es el hombre que está presente. El está ausente, aunque la representación simule su presencia. La imagen del hombre es la presencia de la ausencia. Bill Viola es uno de los precursores del vídeo arte y uno de sus mejores exponentes en la actualidad” (7); y hoy nueve años después de haber escrito esto yo agregaría, “Bill Viola, uno de los más fieles seguidores de las leyes del Vaticano”. No obstante este artista deja de ser uno de los más importantes de la contemporaneidad. Pero tal postura no deja de abrir ciertos interrogantes frente a las artes que una vez más se acercan más a la inmaterialidad, es decir a la divinidad, dejando de lado todo materialismo y por ende todo contacto con el cuerpo y con su material finitud. El arte sin lugar a dudas sigue revelando las contradicciones del mundo en el que vivimos.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, 22 de noviembre del 2009.


Notas:

(1) Vanegas, Guillermo. Hacia Benedicto XVI (Con disculpas).Esfera Pública.

http://esferapublica.org/nfblog/?p=6415

(2) Pablo II: Carta a los artistas.

http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/letters/documents/hf_jp-ii_let_23041999_artists_sp.html

(3) Legendre, Pierre. La fabrique du l’homme occidental. Arte editions. Mille et une nuits. París 1996.

(4) Peñuela, Christian. León Ferrari, tocado por Dios. En Vistazos Críticos Transversales. http://criticosvistazos.blogspot.com/2009/02/vistazo-critico-transversal-26-leon.html


(5) Arcos-Palma, Ricardo. Violencia, imagen y creencia. Vistazo crítico a la obra de José Alejandro Restrepo. Vistazos Críticos, EL Tiempo. Digital.

http://www.eltiempo.com/participacion/blogs/default/un_articulo.php?id_blog=4036597&id_recurso=450008667

(6) Rudolf y Margot Wittkower. Nacidos bajo el signo de Saturno. Madrid: Cátedra 2004. p. 78.

(7) Arcos-Palma, Ricardo. De la mirada al vistazo. El desdoblamiento del punto de vista. Ensayo & Error. Revista del pensamiento crítico contemporáneo. Aõ 5, N° 7. Abril 2000. p. 208.

miércoles, noviembre 11, 2009

Vistazo Crítico 78: Las máscaras en Esfera Pública.




De replicantes, sustitutos, heterónimos, seudónimos y otras mascaradas en Esfera Pública.

¿Con quién estoy hablando? ¿Cómo sé que estoy hablando con aquel que se dice llamar tal y pascual si no veo su rostro? El diálogo, si acaso este existe en una “comunidad” en la Internet (Esfera Pública es un ejemplo), se ve opacado en ocasiones por la máscara de uno de los interlocutores. Encapuchados los llama Jorge Peñuela con mucha desconfianza y lo comprendo. Su desconfianza se fundamenta, intuyo, por la falta de garantías que existe en un país como el nuestro donde múltiples crímenes y atropellos se han cometido bajo una máscara. Pero al mismo tiempo, y aquí encontramos una paradoja en este asunto, la máscara o la capucha protege. ¿De qué? Me preguntarán ustedes. De los sectarismos, de la censura, de las exclusiones, etc. Así parezca extraña esta afirmación, debemos tener en cuenta que en ocasiones el medio es implacable con los que se atreven a opinar con voz y rostro propio. De ahí que condenar al encapuchado, como lo demanda Peñuela puede también ser peligroso. Recordemos la denuncia que hizo en su momento la Senadora por el partido Uribista Gina Parody sobre la supuesta complicidad de las directivas de la Universidad Distrital al tolerar encapuchados en su universidad. Recuerdo las palabras del Rector Carlos Ossa, insistiendo en la falta de garantías para los que protestaban, en un país donde precisamente hablar con el rostro descubierto no solamente era un acto de valentía sino también asumir con certeza el ser un posible blanco de la intolerancia. En estos términos el asunto es muy complejo de resolver. Un célebre encapuchado es el “Sub-comandante Marcos” del cual sabemos que no es un sólo individuo.




¿Qué legitimidad tiene la voz de aquél que se esconde, oculta o se hace invisible tras un alter ego? Esto está aún por verse. Para contribuir a pensar el asunto veamos lo siguiente: En el campo de la literatura y la filosofía, estas máscaras, tienen una función distinta: entre los más relevantes encontramos a Jorge Luis Borges, Bioy Casares y antes de ellos a Fernando Pessoa (Ricardo Reis, Álvaro De Campos) y sus innumerables heterónimos, a Sören Kierkegaard (Víctor Eremita) al mismo Friedrich Nietzsche (El Anti Cristo, Dionisos, El Crucificado), Walter Benjamin (Agesilaus Santander), François Marie Arouet más conocido como Voltaire, entre muchos otros.




Ahora bien, en el caso que nos ocupa, podemos afirmar que existe algo de dramaturgia en los diálogos y debates de Esfera Pública; ya Carolina Cerón lo enunció en Magazine 2 (1): se asumen poses y posturas, se utilizan falsas voces como un buen ventrílocuo, se asumen roles y papeles al mejor estilo teatral, en ocasiones de personajes secundarios y en otras principales. Todo esto haría parte de una nueva escena comunicacional donde –ya Walter Benjamin lo presentía en los años treinta del siglo pasado-, el palabrerío (bavardage) terminaría dando consistencia o inconsistencia a la comedia comunicacional. Como último reflejo nos queda la risa. Pero la risa también es excelente, no hay que olvidarlo, así la filosofía en un principio haya intentado condenarla al silencio. Por lo tanto toda condena a esos nombres sin rostro es irrelevante. Muchas veces he discutido eso tras bambalinas, con el mismo Jorge Peñuela y con Pablo Batelli. ¿Quién es quién en esfera Pública? Nos improvisamos en detectives y a veces atinamos; por ejemplo supimos que Gina Panzarowsky no es ella sino él. Pero interesante dialogar con esta seudónimo, tal vez no lo sería dialogar o debatir con su verdadera identidad. Varios seudónimos y alter ego en Esfera Pública han contribuido al diálogo y al debate, aunque en muchas otras lo han obstaculizado: Paquita la del Barrio a quien extrañamos mucho, Pedro Falguer, improvisado y fugaz teórico de la comunicación que intentaba dar cátedra y Jonás el Ballenero, no perdón, este apareció solamente en Columna de Arena, entre muchos otros.



Magritte.


A veces pienso que estos personajes, amparados en el anonimato que proporciona el computador, logran ser unos teloneros importantísimos. Por ejemplo en el reciente debate Sin título (17 de septiembre 2009)(2) le dan de nuevo la palabra aquel quien ha sido silenciado por censuras legibles(3). Estos teloneros, lejos de tener toda legitimidad logran ser unos interlocutores ideales para poder seguir conversando: “Jorge, espero sepa asimilar este “cáustico” proceder. A pesar del medido veneno y de las amplias diferencias con su forma de pensar y escribir, hay interés por alentar el diálogo, no silenciarlo.”(4) Las identidades son bastante engorrosas, pero sin duda dan rostro a la palabra y las máscaras logran generar diálogo allí donde los que tenían voz propia lo habían entorpecido. Por eso comprendo el enfado y el llamado de Jorge Peñuela. Sin embargo, creo debemos garantizar aún el anonimato, pues en ocasiones este logra generar una reflexión como en el caso de Peñuela y el Televidente Triple A.



El Santo y Blue Demon.



BatMan


Los enmascarados han crecido con nosotros querámoslo o no. El imaginario colectivo está lleno de súper-héroes enmascarados y de villanos sin máscaras: desde el Zorro, hasta el enmascarado de Plata (El Santo), pasando por Clark Kent (SúperMan), Bruce Wayne (BatMan). Si yo fuera psicoanalista encontraría una perlita en más de un caso en Esfera Pública. Pero como no lo soy me limito a pensar que la influencia del comic americano en nuestro contexto es increíblemente grande, terriblemente grande, pero ¿Cómo evitar tal influencia si crecimos con esos comic? Si seguimos de cerca la iconografía de uno de nuestros grandes artistas: Pedro Manrique Figueroa, encontraremos en sus collages, una gran coincidencia con estas imágenes de la cultura popular. De hecho el artista Álvaro Barrios parece haberse inspirado indudablemente en él para sus collages.


Figueroa.



Barrios.

Ahora bien sorprende como “termina” el diálogo entre Jorge Peñuela y Televidente Triple A: alguien bajo el nombre del administrador de Esfera Pública Jaime Iregui, (será en verdad él) publica un fragmento de la película “Identidad sustituta”, donde se plantea las bondades que esto conlleva en un mundo donde pasamos gran parte de nuestra existencia pegados a la pantalla del computador. Y ahora que escribo esto, me pregunto qué diablos estoy haciendo, intentando pensar lo impensable, perdiendo el tiempo – o quizá sea el tiempo el que me pierde-, como un náufrago en la sociedad de las comunicaciones. Pero qué importa ya lo hemos hecho. Busco en google identidad sustituta de Jonathan Mostow y me encuentro con una página de la que extraigo lo siguiente:

“El tema fundamental que plantea Identidad sustituta se centra en cómo conservar nuestra humanidad en este mundo cada vez más implacablemente tecnológico en el que vivimos”, señala Mostow. “La tecnología es maravillosa. Idealizamos la tecnología y creemos que ésta nos libera y nos permite ser más creativos, productivos y hacer todas estas cosas magníficas. Pero la otra cara de la historia es que en cierta forma acabamos siendo esclavos de ésta. Estamos atados a nuestros teléfonos celulares, a nuestras Blackberries. Es maravilloso tener un correo electrónico, pero cuando nos pasamos horas respondiendo mensajes, éste se convierte en una obligación. De modo que estas nuevas oportunidades y posibilidades que nos abre la tecnología también de alguna manera nos coartan”.”(5)




En efecto, el imaginario colectivo de la literatura, el arte y el cine nos sugieren verdades ineluctables sobre nuestra condición humana, nuestras contradicciones y tensiones. Tener una capucha y no tenerla, ¿quién puede afirmar que lo uno y lo otro es mejor o peor? Lo que si podemos afirmar es que hay enmascarados de enmascarados y las acciones y sus palabras nos pueden dar luces sobre qué tipo de individuo se oculta tras de ella. El niño con perplejidad ve como el Père Nöel, se quita la barba y la falsa barriga y con sorpresa descubre que aquél que le deslizaba los regalos bajo la cama era su propio padre. El encanto se acabó, él parece ya no creer en la navidad, sin embargo, ya adulto, sigue esperando que ese enmascarado le deslice bajo su cama así sea un murmullo. Creer o no en las máscara es sumamente complejo, pero el gusto por las máscaras, por las disfraces es muy humano. En ese sentido la Esfera Pública es pura comedia, quizá tragedia, esfera pública dramática, en el sentido estricto de la palabra, pero ¿qué parte de la condición humana no lo es? Resta saber si todo este dispositivo dramático contribuye en algo al desarrollo de un pensamiento crítico. Amanecerá y veremos.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, 10 de noviembre del 2009.

notas:
(1)http://esferapublica.org/magazine/index.php?option=com_content&view=article&id=56:del-teatro-la-pagina-o-el-coro&catid=36:la-mirada-del-lector

(2) http://esferapublica.org/nfblog/?p=6167#comment-29080

(3) Las censuras legibles provienen de aquellos participantes en esfera pública, que amparados en la libertad de expresión, bombardean constantemente los diálogos y debates, transformándose en verdaderas interferencias, en puro ruido gramatical, sin aportar nada al terreno de las ideas y las discusiones.

(4) Televidente Triple A: http://esferapublica.org/nfblog/?p=6167#comment-29080

(5) http://porqueyolodiga.blogspot.com/2009/09/identidad-sustituta-la-nueva-de-bruce.html

Vistazo Crítico 145: John Nomesqui: naturaleza, tejidos y reciclaje.

JOHN NOMESQUI: NATURALEZA: TEJIDOS Y RECICLAJE.   En estos tiempos hablar de Arte y Naturaleza se ha convertido en un lugar común...