jueves, junio 17, 2010

Vistazo Crítico 88: Erwin Wurm en Bogotá.


En este momento está abierta al público la exposición “Erwin Wurm. La memoria en la era de la Globalización. Perspectivas de la mirada desde afuera” curada por Sàrolta Schredl. Hay que anotar que Schredl invitada por el equipo curatorial del MAMBO en cabeza de María Elvira Ardila, tiene una amplia trayectoria en el campo de la curaduría y de la gestión cultural internacional, lo que garantiza como resultado de su mirada, una exposición de calidad, alejada de intereses personales y gremiales que tanto se ven en nuestro reducido medio cultural. Es decir que esta exposición, lejos, muy lejos de las exposiciones pantalleras que tanto nos deslumbran (lo de pantalleras hay que tomarlo literalmente, donde por ejemplo una sala de exposiciones se llena de pantallas hasta el último rincón), es una muestra de gran calidad formal y conceptual de uno de los artistas más importantes de la contemporaneidad.


Ello, Yo y Superyo; (2008) Escultura, Aluminio y ropa.

Hace unos cuantos años, cuando vi por primera vez la obra del austriaco Erwin Wurm en París, me di cuenta que tenía enfrente una obra bastante crítica de la sociedad de consumo, que utilizaba el humor como instrumento para deshacer lo convencional, que pensaba la fotografía como objeto, que se servía del cuerpo para crear situaciones inverosímiles, que rompían con la cotidianidad del espacio íntimo y público y que cuestionaba formalmente la idea de la escultura y la cultura en una sociedad extremadamente conservadora como la austriaca. La obra de Erwin Wurm ocho años después, insiste en algo fundamental, yo ya lo he dicho pero hay que insistir en ello: lo contemporáneo en el arte, no se concibe como una técnica en sí, sino como una aptitud frente al presente. Esto sentencia sirve para contradecir a aquellos puristas que creen que el ser contemporáneo es solamente mostrar vídeo-arte. Tal aptitud frente al presente, este artista la asume con ironía, humor y crítica. La fotografía por ejemplo, deja de ser un simple soporte o registro para devenir escultura, objeto en sí mismo que ocupa un espacio. El filósofo Emanuel Levinas, a quién el artista hace referencia con frecuencia al hablar de sus obras, afirma “que toda obra de arte es una escultura, una estatua donde el tiempo se ha detenido”. Por el hecho de asumir la tridimensionalidad los límites de la imagen tocan lo escultórico. Inevitablemente, las fotografías de Wurm, siguen colgadas en la pared, pero su carácter objetual es evidente. De otra parte sus fotografías son registros de esculturas efímeras, como el artista denomina a sus acciones.


59 posiciones. DVD. (1992).

El cuerpo en las obras de Wurm, así como su propio cuerpo o de otras personas, es pre-texto para la escultura y la fotografía. Un cuerpo que hace resaltar el espacio invirtiendo el sentido de lo que comúnmente vemos: por ejemplo de los orificios de la fachada de un edificio, de una casa (ventanas, puertas), o de recipientes como una caneca, "salen" o "entran" torsos de hombres o mujeres, piernas, brazos, creando una sensación de mundo al revés: ¿dónde está el arriba o el abajo? ¿El personaje está de pie o acostado? Con este hábil procedimiento, Wurm hace de la escultura - y de la acción plástica-, un mecanismo para subvertir lo que estamos acostumbramos a ver. En la serie “Brothers and Sisters” (2001) vemos a Sister Ruth en un corredor de un claustro, se inclina hacia la pared recubierta en madera hasta que su cabeza toca la superficie. Esta postura algo extraña del cuerpo de la religiosa, entra en una profunda contradicción con el espacio que habita. O como cuando el cuerpo de un cura, en otra de esas imágenes, arrodillado con los brazos al aire en aptitud de alabanza a Dios, contrasta con el paisaje solitario de una cancha de football, en un contexto donde el football como la religión son elementos fundamentales de alienación popular.


Esculturas de un minuto. (1997). Fotografía.

Pero Wurm va más allá en su procedimiento formal y conceptual: ¿Qué es la escultura? Parece ser su pregunta fundamental. Para intentar responder, él crea sus "esculturas de nada": un conjunto de vitrinas donde aparentemente no hay nada. Sin embargo, si nos acercamos vemos el polvo que el tiempo ha instalado al interior o sobre la superficie del vidrio. Esto nos acerca a la fotografía que tomó Man Ray sobre uno de las obras de Marcel Duchamp, donde se ve el cultivo de polvo que le cubría. Esta experiencia plástica, que desafortunadamente no está incluida en la muestra del MAMBO, llevó a Erwin Wurm hacia sus "esculturas blandas", donde el cuerpo, gracias a diferentes movimientos modifica y transforma un pullover, y sus “esculturas exteriores” (Serie Taipei del año 2000) y “esculturas interiores” (Serie Cahors del año 1999), donde el vídeo, la fotografía y el vaciado en acrílico logran ampliar el concepto de escultura. Su obra de estos años tiende a contradecir la rigidez y la monumentalidad propia de la escultura moderna.


Su más reciente obra son las "esculturas efímeras" : con la ayuda de la fotografía y el video, el artista materializa y congela acciones que no duran demasiado tiempo: un hombre que parece estar acostado en una calle congestionada de Pekin, pepinillos entre los dedos de sus pies, un vigilante que exprime cuatro naranjas con sus manos y pies simultáneamente, una mujer dentro de una caneca de basura donde solo vemos sus pies, o el artista mismo tratando de caminar sobre pelotas de tenis, en una inevitable pérdida del equilibrio y caída constante. Como parte de las esculturas blandas, Wurm nos muestra un vídeo de 20 minutos que lleva por título “59 posiciones”. Este registro me recuerda un texto de Julio Cortázar, donde un personaje en el intento fallido de ponerse un pullover correctamente, terminan generando una narración imposible, pues él no logra encontrar por donde sacar la cabeza. En esta acción sucede algo similar: el cuerpo intenta una y otra vez ponerse una prenda de vestir, de manera equivocada generando extrañas formas corporales y nuevas maneras de asumir el espacio.


The fat car. (2003) Escultura.


The fat house. (2005). Escultura.

A falta de las dos esculturas famosas “El carro gordo” (2002) y “La casa gorda” (2004) hay dos vídeos en la muestra del MAMBO; el primero, “I love My Time, D’ont like my time” (2003) donde aparece el famoso carro obeso de Wurm, símbolo del consumo y la especulación financiera de nuestras sociedades globalizadas; y el segundo, “Am i a House?” (2005). En ambos vídeos, los objetos que materializan el sueño del hombre contemporáneo, se personifican y enuncian un frases como ésta: “Me avergüenzo de mi tiempo… Tengo náuseas… Por culpa de mi tiempo… También… nuestro tiempo”. Esta frase, absolutamente filosófica enunciada por un automóvil obeso, que sin duda no rodará demasiado a causa de su excesivo peso, abre paso a una serie de esculturas donde los filósofos tan importantes para la obra de Wurm, son tomados como objetos artísticos.


Adorno como Oliver Hardy en la muchacha de Bohemia (1936) y la carga de la desesperación. (2006)

Escultura. Acrílico y ropa.

En “Adorno como Oliver Hardy en la muchacha de Bohemia (1936) y la carga de la desesperación” (2006) reconocemos al teórico de la Escuela de Frankfurt víctima de su propia crítica: aquél quien criticara el apogeo de la industria cultural donde la opulencia marcaría el camino de nuestras sociedades, se ve víctima de una obesidad descomunal donde su cuerpo se asemeja a una hamburguesa, listo a ser devorado. En “Deleuze se arrodilla” (2006) vemos al filósofo con las manos en los bolsillos en una genuflexión imposible. Sus piernas de arrodillan al revés, como mostrando lo imposible: el crítico más acérrimo del capitalismo arrodillado, eso nunca, parece decirnos Wurm. En su escultura “Filósofos” (2009) vemos a un personaje (que bien podría ser Rancière) como si fuera un fisicoculturista pasado de peso. Esta serie de los filósofos donde ni siquiera el propio Wittgenstein se salva de la flexibilidad del cuerpo, resultado de una reflexión bastante compleja donde el mundo de las ideas no logran tener asidero real en el mundo material, marcado por intereses económicos que determinan las posturas del cuerpo, su forma y la existencia en la era de la globalización.


La urdimbre en el espacio de Wittgenstein (2003). Escultura. Acrílico y ropa.

Golpe de ira (2007). Escultura.

Austria hace desde hace varios años estaba atrapada dentro de una cierta pesadez histórica, donde el partido de la derecha hacía coaliciones con la extrema derecha para compartir el poder y, los austriacos parecían más que nunca, estar bien dormidos, frente a una ideología del trabajo y el progreso (trabajar, trabajar y trabajar para consumir: es el slogan de toda sociedad conservadora) Cualquier cercanía con nuestro país es pura coincidencia. Peter Handke el conocido escritor austriaco al final de los 80 nos dice en su famoso "Ensayo sobre la fatiga": "¿A caso no es, de toda evidencia una opinión? No es una opinión, sino una imagen: pues lo que yo pensaba, lo estaba viendo. Entonces lo que es opinión, y quizá inexactamente, es posiblemente la palabra "pueblo" (...) ese "montón de sin fatiga, terco, condenado, a no reconocer sus errores, su desconcierto, y a girar en círculo sin parar". Esta reflexión de Handke nos hace pensar en la obra del también austriaco Erwin Wurm (1954), quien no es indiferente a los cambios políticos de su país que pretenden permanecer en una cierta pesadez histórica: por ejemplo la candidata presidencial de la ultraderecha Bárbara Rosenkranz, conocida por su discurso xenófobo y antieuropeo de corte ultranacionalista, reclamaba públicamente la derogación de las leyes contra el nazismo. Por fortuna el socialdemócrata Heinz Fischer ganó las elecciones en abril de este año. Los cuadros tejidos de Wurm donde aparecen algunas expresiones como “Sí biológico” (2009) escrito en letras violetas, donde se alude a la cuestión racial como proyecto político, o “Bruma Azul” (2009) donde se alude directamente a un panorama conservador que impide ver claro.

El Museo de Arte Moderno de Bogotá, tiene en sus salas una obra excepcional de uno de los artistas más importante de nuestra época.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, 16 de junio del 2010.

viernes, junio 04, 2010

Vistazo Crítico 87: Carlos Gaviria: un mar de mentiras.


Arte Y Política. A Propósito De “retratos En Un Mar De Mentiras”, De Carlos Gaviria.

“Les films « politiques” d’aujourd’hui sont peut-être ceux qui nous permettent d’inverser les choses, en imaginant des formes politiques réinventées à partir des multiples manières dont les arts du visible inventent des regards, disposent des corps dans des lieux et leur font transformer les espaces qu’ils parcourent.” Jacques Rancière

Las palabras enunciadas por el filósofo francés Jacques Rancière a propósito de su conferencia “Conversaciones alrededor de un fuego, políticas del cine” dictada recientemente en el Centro George Pompidou en París, propone en la escena de la imagen contemporánea un debate aun no dado en nuestro medio de manera académica, sobre la relación arte y política. El arte por fortuna va más adelante. En los años setenta, los realizadores Luis Ospina y Carlos Mayolo realizan su famosa película “Agarrando pueblo” (1977). Con esta película, Ospina y Mayolo se sitúan en clara y abierta oposición contra una cierta cinematografía latinoamericana y colombiana de corte político a la que denominaron “pornomiseria”, la cual se apoyaba en el neorrealismo italiano y portugués.

Chircales de Marta Rodriguez. 1971.

Cantata de Chile de Humberto Solás. 1975.

Entre estas películas encontramos ejemplos como “Chircales” (1971) y “Planas: testimonios de un etnocidio” (1971) de Marta Rodríguez, “Manuela” (1966) y “Cantata de Chile” (1975) de Humberto Solás, entre otros. “Agarrando pueblo” es una crítica abierta a este tipo de cine que era bien recibido y premiado en los grandes festivales europeos por mostrar la “realidad” de Latinoamérica. Ospina y Mayolo, realizan una cinta que pone en escena a un cineasta que busca “actores” filma lugares del hambre y la miseria en Colombia y maquillan una cierta “realidad social”. Por ejemplo cuando visten de mendigos, para la toma final de este documental a una familia de clase media baja, ellos insisten como protagonistas de su propia película, que lo más importante es hacer imágenes “limpias” que muestren la miseria del país. La escena se ve confrontada con la llegada de un mendigo a su propia casa (hecha con materiales de desecho), que saca a machetazos a al director de la película en la película (Mayolo) y al productor (Ospina), al asistente de sonido, al entrevistador , al camarógrafo y a la falsa familia. Y frente a la cámara “real” el mendigo dice “Aja, con que agarrando pueblo no???…”. El director y su equipo salen huyendo y en el suelo ruedan los dólares que le había dado el productor al mendigo para que deje terminar la toma más importante. El mendigo toma los dólares y se los refriega en el trasero (que lo exhibe a lo Mockus) y destruye la cinta que quedó en el suelo tras la huida del equipo de filmación.

Pero paradójicamente -y esta es una de las virtudes de esta película-, el mendigo, que en este caso “actúo” para Mayolo y Ospina, es un verdadero mendigo. El falso documental se muerde la cola y deja en la mesa la pregunta ¿cuál es el límite entre la realidad y la ficción? Ospina y Mayolo al insistir sobre la falsedad de la realidad de cierta cinematografía, dejan ver un sector de la sociedad que es real como cuando los gamines bogotanos se bañaban en la Rebeca en la misma película. El director en la película les tira unas monedas a esos gamines para que naden mientras los graba…. Un espectador, paseante desprevenido se acerca y les grita: déjenlos tranquilos (…) ustedes viene filman y se van a vender esto al extranjero… La crítica está hecha desde el arte, pero la realidad sigue ahí.

La película de Carlos Gaviria “Retratos en un mar de mentiras” (2010), muy cercana a la corriente neorrealista, realiza un retrato social de una familia del Caribe Colombiano instalada en Bogotá, que decide regresar a recuperar las tierras de su abuelo recientemente fallecido. Al regresar a esas tierras de la que ya no hay memoria, Jairo (fotógrafo ambulante) y su prima Marina (muda y amnésica) se encuentran en medio del conflicto del que una vez huyeron. Esta película es una historia donde el pasado se vuelve actualidad tanto para los protagonistas como para nosotros espectadores. En una reciente discusión sobre la película, los políticos Gustavo Petro (del partido de izquierda Polo Democrático Alternativo) y Julio Obdulio Gaviria (asesor presidencial del Partido de la U. de derecha del actual Gobierno) confrontan sus miradas e ideas sobre lo que esta película despierta. Este diálogo es interesante, pues no está realizado por especialistas del cine, ni por teóricos del arte sino por hombres políticos, es decir por aquellos que viven la cosa política en carne y hueso, aunque la conversación participa el propio Carlos Gaviria.

La pregunta sobre la realidad social y política del país, en particular en una zona de influencia guerrillera y ganadera del norte colombiano donde los paramilitares amparados por el Estado, propiciaron y lo siguen haciendo, un genocidio y un desplazamiento enorme de la población civil que era considerada auxiliadora de la guerrilla, se convierte en la esencia de la discusión. “Es nuestra realidad palpante… palpitante” dice Gustavo Petro y sentido opuesto José Obdulio Gaviria afirma ““Como cine, cine, para la historia del cine colombiano… yo no la incluiría como tal”. Para el primero es un retrato de la realidad social y política colombiana y para el segundo es una mala propaganda que tiene su público fuera del país. Para Gustavo Petro, esa película es parte fundamental de lo que es el país. Para José Obdulio Gaviria, eso hace parte de nuestra historia pero es una caricatura de la realidad, donde en Colombia hay otras cosas que hay que mostrar, pero que tendrá sin duda mucho éxito en Europa y Estados Unidos por su carácter propagandístico.

Frente a estas posturas encontradas de estos espectadores de la película y actores políticos de nuestro país, Carlos Gaviria dice: “La diferencia entre lo formal y lo real” debería suscitar este tipo de discusiones en el país. “Yo quería hacer una película sobre lo que yo sentía… viendo este país; yo creo que uno de los grandes problemas de una guerra tan prolongada como la que ha vivido Colombia –dice Carlos Gaviria-, es que la gente se insensibiliza con respecto… y se acostumbra a lo que está pasando; y no creo no es una mirada ni de un lado ni del otro; creo que es una mirada emotiva…”

La postura encontrada de los hombres políticos, matizada por la postura del artista, retrata de manera contundente, los recientes debates alrededor de la relación arte y política suscitados en Esfera Pública que de una u otra manera nos dejan ver dos facetas distintas del país en que vivimos. Así varios piensen que el arte no es político, los políticos si saben que el arte puede ser político, sobre todo, como dice Rancière en asuntos donde el arte de hacer visibles o invisibles, ciertas realidades sociales, nos atañen a todos los ciudadanos de un país que pasa por uno de los peores momentos políticos de su historia. En efecto Colombia, es un mar de mentiras, la política es un mar de mentiras, el arte es un océano de mentiras… En efecto, hay que seguir insistiendo que la realidad tiene que ver con la falsedad. Si Santos se perfila como nuestro próximo Presidente, no es porque sea muy sincero que digamos, sino porque es un gran mentiroso. El arte así como la política, se mueven entre la verdad y la mentira y la realidad siempre se ve matizada por esta tensión.

De acuerdo con Rancière, “las películas políticas de hoy (y por extensión el arte) son quizá aquellas que nos permiten voltear las cosas, imaginando las formas políticas reinventadas a partir de las múltiples maneras en las cuales las artes de lo visible inventan las miradas, disponen de los cuerpos en los lugares y les hacen transformar los lugares que recorren”. Es decir que, el arte político es aquél que es capaz de transformar nuestros hábitos, cambiar nuestra mirada, cambiar nuestro punto de vista y perspectiva de las cosas, inventando una mirada donde no hay imágenes posibles, donde la realidad ha sido pervertida por el exceso de invisibilidad de lo que debería ser mostrado. Y la película de Carlos Gaviria insiste sobre este aspecto.

Ricardo Arcos-Palma

Bogotá, Junio 4 del 2010.

Conversaciones entre Gustavo Petro y José Obdulio Gaviria a propósito de la película de Carlos Gaviria: eche un vistazo

1. http://www.youtube.com/watch?v=WKgpaXCrpSE&feature=player_embedded

2. http://www.youtube.com/watch?v=7ZDvFbHUVlI&feature=player_embedded#!

3. http://www.youtube.com/watch?v=pE4rsXvZTpY&feature=player_embedded

Consulte este vistazo en Esfera Pública con discusiones..

Vistazo Crítico 145: John Nomesqui: naturaleza, tejidos y reciclaje.

JOHN NOMESQUI: NATURALEZA: TEJIDOS Y RECICLAJE.   En estos tiempos hablar de Arte y Naturaleza se ha convertido en un lugar común...