Vistazo Crítico 77: El poder de la Imagen y la imagen del Poder.



El poder de la Imagen y la imagen del Poder.

Jorge Peñuela, a quien encontré en la Plaza en Bolívar en la pasada marcha de estudiantes, trabajadores y profesores de las Universidades Públicas de la capital, el pasado miércoles 28 de octubre, marcha que fue acallada e invisibilizada por los medios de televisión, enuncia una idea interesante en un foro de Esfera Pública(1) a propósito de la censura que ha caído sobre una de las caricaturas de Chócolo, quien hacía parte de los artistas invitados en el salón Regional de la zona cafetera realizado en Armenia, capital del departamento del Quindío. Al respecto Jorge dice lo siguiente:

“CENSURAS INVISIBLES. Durante dos horas, ayer 29 de octubre, Antoni Muntadas habló ampliamente sobre su obra en la Biblioteca Luis Ángel Arango. Su interés son los filtros sociales, políticos, estéticos y técnicos mediante los cuales se traduce la información. A propósito de la multitudinaria marcha de estudiantes y maestros de las universidades públicas por las calles de Bogotá realizada el 28 de octubre en busca de la solidaridad de los bogotanos y las bogotanas para la educación pública, le pregunté qué opinaba sobre aquellos acontecimientos que ni siquiera eran traducidos por los grandes medios, como la mencionaba marcha. «Pues –nos dijo– es censura». Las censuras estéticas recientes son menores si las comparamos con las «censuras invisibles» que operan en nuestro país. Son muchos los artistas que muestran día tras día sus trabajos en la ciudad y nadie habla de ellos. Pues bien, ahí también existe censura.”

Su reflexión merece una apertura en este vistazo crítico que pretende ahondar sobre el poder de la imagen y la imagen del poder, este último se cierne sobre todos nosotros a través de los medios masivos de comunicación. Ahora que existe un debate sobre la adjudicación de un tercer canal privado de televisión antes de las elecciones presidenciales (lo más probable es que sea adjudicado al consorcio City-Tv, El Tiempo y Grupo Planeta) que al parecer servirá para que el actual Gobierno de Álvaro Uribe Vélez agudice su maquinaria de desinformación y manipulación de la verdad y perfile a sus candidatos en las próximas elecciones. Lo acontecido con la caricatura de Chócolo, es muestra importante que una imagen vale más que mil palabras. De eso son conscientes los gobernantes y sus grupos de poder acentuados en grandes medios de comunicación y por fortuna los artistas también. El papel de la caricatura es realmente fuerte, pues trasciende las barreras de los discursos. En ese sentido en un evento estatal como el salón regional, se ve afectado por la presencia de quienes detentan el poder de la circulación de la imagen que se vehicula con presupuestos de sus “generosas” gestiones. Cuando los rostros de los protagonistas de la caricatura y sus voces son silenciados por un blanco que se posa sobre ellos borrando toda huella crítica que propone el humor, la censura adquiere un matiz perverso elimina toda posibilidad de disenso.


Obra de Chócolo censurada.


Es indudable que “las censuras invisibles” a las que alude Jorge Peñuela, obedecen a esos mecanismos de coerción que operan en el mundo de la visibilidad de la esfera político y social: nada más visible que una caricatura que pone al descubierto, ridiculizando y criticando mordazmente aquellos que pretenden construir una imagen distorsionada de la realidad. Nada más visible en la ciudad que una marcha multitudinaria en contra de la política del actual gobierno que tiene contra la pared a las universidades públicas del país; sin embargo no se hizo visible ni la primera ni la segunda esa noche en los medios de comunicación que hablaban de los triunfos de la selección colombiana sub-17 de futbol, y las telenovelas y shows, entre otras cosas, esenciales quizá, pero no trascendentales para la situación actual por la que atraviesa el país. Sin embargo, el papel que juegan los artistas y sus imágenes no logran hacerse visible en los medios que detentan la imagen del poder.


José Alejandro Restrepo. Santo Job II (2008) Foto: Arcos-Palma.


La imagen del poder, no necesariamente es aquella que muestra al Presidente de la República, en sus programas televisivos, vinculada a la buena imagen que el gobierno pretende hacer circular en los diarios, noticieros, consejos comunitarios, etc. La imagen del poder es aquella que genera un espacio de invisibilidad, de ocultamiento que impide que lo representable tenga asidero en la realidad. En ese sentido, lo que no vemos, no existe. Seguimos siendo absolutamente creyentes y religiosos: ver para creer, tal como lo demuestra José Alejandro Restrepo en su obra(2). El poder sabe que su credibilidad se acentúa en el grado de invisibilidad y ocultamiento de sus fracasos y de los acciones de miles de ciudadanos que protestan por esos fracasos.
¿Cuáles son las razones para que una imagen como la de Chócolo o como la de “Los Rebeldes del Sur” de Wilson Díaz, pueda molestar al establecimiento? Sin lugar a dudas se trata de una lucha de poderes sobre quién tiene la autoridad para crear opinión. El arte crítico y político, crea opinión. Por lo tanto eso molesta enormemente a los detentores de la imagen. Hace un tiempo ya, durante el famoso affaire Goya, yo decía lo siguiente:

“Pero surge un problema, ese exceso de visibilidad termina opacando algo, encegueciéndonos, como cuando miramos el sol de frente sin gafas oscuras. Estamos obnubilados por esa imagen y olvidamos que se trata de un hombre quien de rodillas y con los brazos abiertos mira hacia el cielo mientras su torso se ofrece al enemigo. ¿Va a ser fusilado? ¿Va a morir como otros tantos en las imágenes que nos muestra Goya? ¿Por qué mira al cielo? No está propiamente rezando ni tampoco pidiendo clemencia. La expresión de su rostro denota desolación. ¿Qué diferencia existe entre este rostro y el de una víctima de la violencia en Colombia? Si no la saben, miren en los semáforos de nuestras calles y encontraran la respuesta o echen un vistazo a las fotos de Jesús Abad Colorado. Pero si no la encuentran, la respuesta es: ninguna diferencia.”(3)

Frente a la imagen del Poder, queda una opción: el poder de la Imagen, a partir de las paradojas de lo irrepresentable que suscita el arte y los artistas comprometidos con su época y los periodistas e investigadores para quienes no les es indiferente el mundo en el que vivimos; dos ejemplos importantes a tener en cuenta: el primero de ellos es el de la artista Claudia Salamanca(4), quien con su obra “Treinta segundos” reflexiona sobre un hecho atroz que nadie parece recordar, y que está al origen del escándalo más grande del actual gobierno: la para-política. Al respecto Ricardo Rivadeneira dice:

“Sin duda, el vídeo que Claudia Salamanca nos propone es algo más que un simple ejercicio visual hecho a partir de un registro que fue televisado en directo. No es precisamente un poema visual como los de Bill Viola ó un regodeo experimental como los realizados por Nam June Paik; no pretende utilizar la imagen religiosa como forma de expresión a lo José Alejandro Restrepo, tampoco se trata de avivar la llama del acontecimiento escénico en la perspectiva de Rolf Abderhalden. La obra 30 segundos no busca parecerse a muchas obras que hemos visto en la Galería Santa Fe del Planetario Distrital y que tienen en común ese deseo por jugar con la representación como forma de trabajo plástico. Si bien la obra 30 segundos no es pura presentación, sí se acerca mucho a ella.”(5)


Claudia Salamanca. Treinta segundos. vídeo. (2008). Foto, cortesía de la artista.


Esta obra logra por primera vez hacer visible algo que no habíamos querido ver, precisamente porque la imagen del poder quiere siempre ocultar algo. El segundo ejemplo tiene mucho que ver con el anterior: es el programa Contravía(6) del periodista Hollman Morris quien dedicó un reportaje recientemente al mismo tema de la obra de Claudia Salamanca: el asesinato anunciado del exalcalde de El Roble (Sucre) quien delante del presidente y de sus asesinos denunció públicamente la corrupción que corroía a esa región y que se incrustaría en el Congreso de la República. En ambos casos lo irrepresentable tiene un lugar en la realidad; este hecho acentúa una resistencia frente al “destino de las imágenes” (por emplear esta hermosa frase de Jacques Rancière), destino implacable que las sumerge en una insondable invisibilidad.

El arte que reflexiona sobre la política, juega aquí un papel fundamental y la crítica que logre dar cuenta de ello logra crear un terreno propicio para generar discusión. Es indudable que a los políticos les interesa el arte, más allá de ser coleccionistas y galeristas como el expresidente César Gaviria o impulsores de cruzadas políticas por la paz como las palomitas de Belisario Bentacurt en los años 80, o los ataques al expresionismo de Laureano Gómez, o la defensa de un arte de vanguardia por parte de Jorge Eliecer Gaitán. No podemos decir que a Uribe le interese el arte, pero si podemos afirmar que a los gobernantes, si les interesa mucho la imagen, su buena imagen y por supuesto el arte que contesta esa imagen no les es para nada indiferente.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, 30 de octubre del 2009.

Notas:

(1) Esfera Pública http://esferapublica.org/nfblog/?p=6062#comment-29054

(2) Vistazos Críticos http://criticosvistazos.blogspot.com/2008/05/vistazo-crtico-51-jos-alejandro.html

(3) Vistazos Críticos. http://criticosvistazos.blogspot.com/2008/10/vistazo-crtico-60-de-lo-acontece.html

(4) Ver el video de Treinta segundos : http://www.laclau.templeofmessages.com/pages/titospa.html

(5) Vistazos Críticos. http://criticosvistazos.blogspot.com/2008/07/vistazo-crtico-transversal-20-treinta.html

(6) Contravía. Programa en tres partes: Eudaldo Díaz: el costo de la verdad.
http://www.youtube.com/morrisproducciones#p/u/6/3xwrs9dEgBY
http://www.youtube.com/morrisproducciones

Este texto se puede reproducir y divulgar citando la fuente.

Comentarios

Melania Lynch dijo…
http://melanialynchc.blogspot.com/