sábado, marzo 17, 2012

Vistazo Crítico 103: arte, cultura y política: lo negro y el racismo en Colombia.


LO NEGRO Y EL RACISMO EN COLOMBIA: Arte, cultura y política.
 

“La fotografía nos revela lo que nuestros ojos no ven”, decía Wim Wenders en su película “Alicia en las ciudades” (1974), mientras conducía su automóvil en una carretera norteamericana. Esta sentencia insiste sobre el principio de verdad que posee toda imagen fotográfica. En el último mes ha circulado por los medios de comunicación: revistas y diarios, imágenes fotográficas que nos recuerdan con vergüenza, que Colombia es un país con una estructura colonial con restos medievales muy enraizada en su cultura, donde el racismo con tintes clasistas persiste de manera hipócrita. 

Veamos una primera imagen que escandalizó sin mayores consecuencias a la opinión pública: un hombre afrodescendiente prácticamente desnudado posa encadenado al lado de dos turistas en una imagen promocional de la ciudad amurallada. Detrás de él, hay una pauta publicitaria que dice: “Cartagena de Indias. World Heritage City”. Esta foto, mandada a realizar por la directora (ya destituida de su cargo) de la Corporación de Turismo de Cartagena, no solamente atentaba contra una población en su mayoría marginal que viven en barrios periféricos del “Corralito de piedra” como Pozón, Nelson Mandela, Olaya y otros barrios donde la pobreza y la exclusión social son una condición permanente que contrasta con otros barrios como El laguito, Boca grande, Castillo grande y Corralito de Piedra, barrios de élite donde la única población afro que se ve es la que se rebusca el pan vivir, tabajando como empleados domesticos o en las playas ofreciendo masajes, vendiendo collares de conchas, alquilando parasoles a los turistas que vienen por hordas a uno de los lugares donde la esclavitud así haya sido abolida a mediados del siglo XIX, persiste soterradamente en las prácticas sociales y culturales como en el resto del país. Tal como lo demuestra esta imagen, que aunque causó revuelo, pues las noticias televisivas sin mayor análisis desplegaron la noticia, sin mayor consecuencia, "lo negro" se sigue viendo de manera innaceptable como "una moneda viviente" como diría Pierre Klossowski. A la destituída directora se le preguntó por el hecho y muy tranquila afirmó que fue incomprendida.

 

La  segunda imagen es la que hizo circular la revista Hola de España al finalizar el año pasado. Quizá fue esta imagen la que inspiró a la racista y destituida directora de la Corporación de Turismo de Cartagena: en la imagen vemos cuatro damas en primer plano en una lujosa mansión de Cali en el Valle del Cauca, posan para el fotógrafo. Detrás de ellas, aparecen dos empleadas domésticas,  enmarcando un paisaje paradisiaco donde se entrevé la ciudad a lo lejos, mientras ellas sostienen bandejas de plata con vajillas muy lujosas. Las empleadas son afrosdescendientes. Esta imagen nos sorprende porque demuestra que la élite del Valle del Cauca, región donde el esclavismo generó riqueza en las plantaciones de algodón y caña de azúcar durante siglos, aún vive bajo esa misma estructura colonial con rezagos medievales. El artículo que acompaña esta imagen insiste: “Las mujeres más poderosas del Valle del Cauca (Colombia) en la formidable mansión hollywoodiense de Sonia Zarzur, en el Beverly Hills de Cali”. Las cuatro protagonistas pertenecientes a la misma familia, entre ellas la presidenta de Fenalco Cali, que organiza el evento de moda Cali Exposhow, aparecen en su medio natural. A la presidenta de Fenalco se le preguntó por el hecho y afirmó que eso de la escenificación fue un asunto del fotógrafo, pero que ella no le ve "nada de malo a eso". Y dejemos ese nombre ahí quieto, pues está íntimamente relacionado con la élite "cultural" del Valle del Cauca: los Ospina, Garcés, la galería Jenny Vilá etc... 

Esta imagen   también generó cierto revuelo, como era de esperarse pero al final la misma cosa: no pasó nada, pues tal como bien lo señala Elkin Rubiano en su artículo publicado en Esfera Pública, estos terminan siendo síntomas de la sociedad del espectáculo, donde el escándalo alimenta el imaginario colectivo sin mayores consecuencias sobre el statu quo. La revista Soho pretendiendo reivindicar la posición de la mujer afrocolombiana, decide dedicarle su portada parodiando la fotografía de Hola, mostrando a cuatro mujeres negras en un decorado similar a la de la revista española, con dos domesticas (esta vez blancas) detrás de ellas. Pero lejos de resarcir el daño y exaltar a la mujer como reza el título de la portada “Elogio de la mujer negra”, nos muestra a esa mujer desnuda, como objeto de consumo, acentuando el cliché de mujer exótica y poderosa sexualmente. Es decir eliminar el veneno aplicando el mismo veneno, solamente funciona en vacunas contra mordeduras de serpientes pero en este caso, al asunto no deja de ratificar que en verdad en Colombia el racismo pervive bajo la mirada complaciente de todos. 

Por fortuna el arte y algunos artistas asumen posturas radicales política y culturalmente hablando, sobre todo cuando la cultura y la política se estetizan. Sí es cierto, ya Walter Benjamin a comienzos del siglo XX, nos había ilustrado sobre esto en pleno apogeo de los totalitarismos políticos, pero su sentencia sigue teniendo sentido hoy. En Colombia hay varios casos como el del artista cartagenero Nelson Fory quien con su obra “La historia nuestra caballero” (2008-2011) aludiendo a  Rebelión canción del cantante popular Joe Arroyo, decide tomarse con una intervención el Camellón de los mártires cerca al Centro de Convenciones en Cartagena: en cada una de las esculturas de los próceres de la patria como Pedro de Heredia, el artista dispone una peluca negra sobre sus cabezas. Con este gesto irreverente, el artista recuerda que la Independencia de la naciente República, solamente se pudo realizar con el apoyo de esa gran población liberada bajo una condición en la época de Simón Bolívar: unirse al ejército del libertador, es decir “ser carne de cañón”. Este olvido histórico es el que ha permitido que una sociedad se levante sin reconocer a sus verdaderos héroes, insiste el artista con su obra.   

Nelson Fory. La historia nuestra caballero. Intervención. (2008-2011).
 
Trinidad Cabellero Beaine es una artista paisa que también ha reflexionado sobre la presencia del esclavismo en Colombia y su inhumanidad. Al realizar una revisión histórica ella se encuentra con una serie de documentos del siglo XVIII donde se muestra una serie de máscaras y elementos de sumisión, que portaban los esclavos, a quienes se les impedína comer y hablar durante las horas de penosa labor en el campo. A partir de ese hayazgo, ella decide realizar su instalación "...Invalorum" donde reproduce en hierro la mascara que utilizaban los esclavos; Y mediante un anuncio ella convoca a una serie de personajes blancos de todas la edades, para que portaran la máscara y hacerse forografiar. Estas fotos se instalan posteriormente en el espacio de exhibición, con la mascara exhibida y una imagen donde se informa que un esclavo podía obtener su libertad por $250 pesos de ese entonces. El espectador para poder salir de la sala, debía pagar $250 pesos actuales. Este dispositivo de inversión radical de roles acetúa el carater de sumisión de los cuerpos en una época donde el cuerpo humano era una verdadera "moneda viviente". Esta obra ganó el Premio memoria, otorgado por la Univesidad de Antioquia.



Trinidad Caballero Beaine; ...Invalorum, Instalación. 2006

Otro de los artistas es Fabio Melecio Palacios oriundo del Valle del Cauca (ganador de la última versión del Premio Luis Caballero) quien en su obra Bamba, Martillo y Refilón (2011), nos cuerda como buena parte de la población trabajadora del Valle del Cauca, realiza su labor aún en condiciones poco dignas como sucede con los corteros de caña, quienes en el 2008 protagonizaron una huelga para pedir mejores condiciones laborales. Esta obra revive la labor del afilamiento de los machetes por parte de los trabajadores y hace un homenaje a esos personajes olvidados. El techo de la sala se encontraba completamente atiborrado de machetes un poco más alto del espectador, generando una extraña sensación de lluvias de machetes, como insistiendo en ese germen de levantamiento que aun duerme en las clases trabajadoras, que es nutrida por esos descendientes de antiguos esclavos.    

 
  Fabio Melecio Palacios. Bamba, Martillo y Refilón. Instalación-acción. (2011).

Hay una artista a quien me referiré más extensamente la bogotana: Liliana Angulo. Ella piensa y realiza su obra a partir de su condición femenina, pero va más lejos aún. Su obra toma como tema de representación, el hecho de ser mujer de origen afrocolombiano. En su trabajo, que ha exhibido en importantes exposiciones como Viaje sin Mapa (curada por Mercedes Angola y Raúl Christancho), en la última versión de la IX Bienal de Bogotá, y en MDE07, hay una presencia recurrente a un cliché de la mujer doméstica. Este referente tiene que ver con esa imagen de la "negrita" que en ocasiones se vio estilizada en una silueta en madera vestida de un traje rojo y una pañoleta a pepas blancas, con grandes aretes, para decorar las cocinas de ciertos hogares y de la cual penden cucharas, cucharones y demás utensilios culinarios. Pero su obra no se sitúa en una cierta marginalidad como pudieron leer algunos crí­ticos locales como Jorge Peñuela en su momento: 

"Liliana Angulo no baila tan mal como quiere hacernos creer, tampoco es Josephine Baker, pero su raza comparte con ella historias de marginalidad. Piensa su ethos, se goza sus clichés, los parodia. Lo hizo en Viaje sin Mapa, la mujer negra apreciada en la medida que cumpla a cabalidad con los oficios domésticos del hogar blanco; repite su acto en IXbb, la mujer negra apetecida para la rumba, apta para los goces puros, para aquellas penetraciones a las que aluden los curadores. ¿No está reforzando su propio cerco, que la puede asfixiar como poeta, como artista que siempre ha de estar abierta a la búsqueda de horizontes más libres? ¿Por qué no nos inventa que la afrodita urania que alabó Platón era negra, que el amor y la belleza se escriben con negro? Sin duda, una historia así­ transformarí­a el mundo. Los artistas abren y edifican mundos, no se encierran en sus traumas sociales, culturales o psicológicos, así­ ellos sean el incentivo de su actividad. Tampoco hacen mofa de ellos, sin desquiciarse. El Dirty Boulevard, lo real, no es el horizonte que sueña la libertad. El proyecto de Angulo en la IXbb en sólo un ejemplo. ¿Cuántos proyectos más están corriendo el riesgo de quedar atrapados por la fuerza de gravedad de la cruda realidad?" (Tomado de Esfera Pública ).
 Liliana Angulo. Negra Menta. Fotografía. (2003).

Al contrario de lo que piensa el crí­tico de arte local Jorge Peñuela, la obra Liliana Angulo se inscribe dentro de una verdadera posición crí­tica, que hace de la Realidad un punto de análisis, en un contexto como el nuestro, donde el ser negro, es aún bastante problemático. Por ejemplo, no es sorprendente que una de las regiones del Pacífico colombiano (Chocó), donde la gran mayorí­a de la población es negra la miseria y el abandono estatal sean enorme. Hace poco se declaró en emergencia sanitaria a toda esta región del paí­s, por la falta de agua potable, de hospitales, etc, Esta región olvidada por nuestros gobernantes es el ejemplo perfecto del olvido que han padecido una buena parte de nuestra sociedad compuesta por descendientes de antiguos esclavos, donde las antiguas plantaciones de caña de azúcar y de grandes minas de oro, estaban pobladas de mano de obra barata.

De manera que la obra de Liliana Angulo, al entrar al circuito del arte local, muestra como lo negro y el negro rompen un cierto ghetto impuesto por esas feudales tradiciones que aún imperan en la sociedad colombiana y por ende en el ámbito cultural donde el racismo perdura. Ya el artista Guillermo Wiedemann, en la primera mitad del siglo XX, se habí­a sumergido en estas selvas del Chocó en las costas del Océano Pací­fico, para pintar esa región olvidada así persista una cierta imagen romántica del viajero a lo Gauguin que se sumerge en un territorio que no es el suyo. Pero esa mirada, aunque generosa, no dejaba de estar impregnada de un cierto exotismo. Así mismo la obra de Ana Mercedes Hoyos quien últimamente ha dado un giro radical a su obra, por fortuna pues estaba igualmente sumergida en ese exotismo, se ha centrado en el tema de la esclavitud como lo demuestran sus piezas sobre los galeones negreros y las rutas comerciales del esclavismo, que se expuso en el Monumento a Martí en noviembre del año pasado en Cuba y este año estará en México rindiendo un homenaje a esa población olvidada. 

Ana Mercedes Hoyos. Triángulo comercial. Litografía. (2005)


 Guillermo Wiedemann. Mujeres.1954(?)

Ahora bien Liliana Angulo, no se sitúa propiamente en esa región si no que nos habla de una condición, que desborda el propio territorio: la mujer negra, que ha servido como "doméstica" en los hogares colombianos, esta vez es retratada, para generar un dispositivo crí­tico y político. Claro se trata de simulaciones donde "la negrita" se mofa en nuestras propias narices, “toma un sartén por el mango” u otro utensilio, lo transforma en arma y se dispone a darnos un golpe certero a nuestra condición de espectador pasivo y solapadamente racista.
 
En una primera serie, vemos como "la negrita" vestida de blanco, se emparenta a esa famosa caricatura de Consuelo Lagos que aparece en los principales diarios colombianos (El Paí­s de Cali, El Espectador, etc.) desde 1968. Tal como lo demuestra el estudio muy serio  y profundo titulado "La negra Nieves o el racismo a flor de piel" (2003) de Elisabeth Cunin (becarí­a del Instituto Francés de Estudios Andinos), "Nieves" es una mujer negra con nombre de blanco o que alude a lo blanco, nacida en Juanchito, muy cerca al barrio obrero Alfonso López en la periferia de Cali, empleada doméstica, quién luego de una acción de tutela emitida por un profesor de la Universidad del Valle en 1997, pasa a ser estudiante de filosofí­a en la caricatura. Esta caricatura que en un momento dado pretendió ser el portavoz de una clase social oprimida y excluida, según los propósitos de la dibujante, pese al alto contenido racista de la caricatura, parece servirle a Liliana Angulo de pre-texto para revisar la condición de marginalidad de la mujer negra. 

 
 Liliana Angulo. Mambo negrita. Fotografía. (2006)

Sus fotos muestran un interesante giro de la condición marginal del negro. En un primer lugar porque el negro es llevado al mundo del arte sin la mirada exótica y complaciente, y en segundo lugar porque esas imágenes interrogan el estatus de la condición del artista denominado "afrocolombiano" para ser polí­ticamente correcto luego de la constitución de 1991. Estatus del artista marginalizado por obvias razones. Claro, estas fotografí­as solamente pueden incidir en el ámbito social si guardan esa postura crí­tica que poseen. De lo contrario pueden deslizarse peligrosamente en el paradigma del arte con una falsa postura social, que se alimenta de las imágenes marginales para ponerlas a circular dentro del mercado del arte contemporáneo, creando así­ una falsa conciencia social que se denominamos en el medio pornomiseria. Quizá a esto último aludí­a la crí­tica de Jorge Peñuela. 
 Liliana Angulo. Negro Utopico. Fotografía. 2001.

En una segunda serie, vemos como "la negrita" a todo color: bellamente e irónicamente vestida de rojo con pepas blancas como sus semejantes que adornan las cocinas de hogares colombianos, se convierte en una negra burlona, que se ríe en la cara del espectador, que le agrede tras haberle lanzado un coqueto beso y que en últimas le señala que la única la condición para observar a esa "negrita" es viéndola a los ojos. Las fotografí­as de Angulo tienen una principal virtud: es la de señalar con humor e ironí­a, la condición humana de una clase social que aún reclama sus derechos cí­vicos en una paí­s como el nuestro donde las diferencias sociales y étnicas son enormes. 

 
 Liliana Angulo. Un negro es un negro. Fotografía. 1997-2001.

A propósito de su trabajo ella en diálogo con el curador José Roca afirma:Reflexiono desde la cultura visual, sobre la representación en el lenguaje y la Historia. Trabajo sobre lo negro, desde mi propia experiencia y mi entorno, sobre las identidades contemporáneas y sobre los actos de afirmación que las expresan. Mi trabajo se pregunta sobre situaciones contemporáneas que reflejan la manera en que históricamente las comunidades negras en América han estado en la situación del extraño, sujetas al desconocimiento, la mezquindad, la avaricia y el recelo. Un ejemplo de esto, es como muchos migrantes de comunidades negras, que se han desplazado esperando la hospitalidad que ellos le hubieran ofrecido al visitante en su región, en la mayoría de los casos no la encuentran. La situación del conflicto en Colombia, ha convertido en algo común la migración forzada de las poblaciones negras, en el que a pesar de estar bajo la misma nacionalidad, se está lejos de su lugar y fuera de casa.” (*)

En Colombia, a diferencia de otros países como en los Estados Unidos donde el negro ha ganado un lugar más favorable dentro de la sociedad en materia de derechos cí­vicos (gracias a Malcom X, Martin Luther King, The Black Powers y a The Blacks Panters, entre otros), la población afro, aún no han llegado a copar las altas esferas polí­ticas ni culturales; el caso de la anterior Ministra de Cultura durante el Gobierno de Uribe de origen afro, pese a sus calidades profesionales, fue tan demagógico como el del actual Vicepresidente de la República (un antiguo sindicalista):  esto  demostraría ante la opinión internacional que aquí en Colombia no solamente no somos racistas (no hay que olvidar que la mayoría de sindicalistas y senadores que se oponían al Tratado de Libre Comercio en Estados Unidos eran de origen afro), sino que tampoco se asesinan a sindicalistas. Sin embargo, basta con ver los noticieros de televisión: en las principales noticias sólo hay una presentadora de origen afro y ni un solo o muy pocos (para no parecer exagerados)  actores de esta población, quienes siempre realizan un papel secundario o de sirviente en las grandes novelas de “nuestra tele”.

Es de esta manera que las fotografí­as de Liliana Angulo así como de las obras de Nelson Fory y Fabio Melecio Palacios, hacen parte de lo que he denominado los Otros Realistas, pues nos revelan las contradicciones y tensiones de una sociedad como la nuestra, en donde los derechos cí­vicos de buena parte de nuestra población están lejos, pero muy lejos de obtenerse.

Ricardo Arcos-Palma, Bogotá, 17 de marzo del 2012

(*) José Roca entrevista Liliana Angulo. http://www.m3lab.info/portal/?q=node/3281

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