miércoles, mayo 25, 2005

Vistazo Crítico 39: Ana Adarve.


VISTAZO CRITICO 39 :
ANA ADARVE : ANATOMIA URBANA.


Nuestra relación al mundo esta mediada por nuestra exterioridad, es decir por todo aquello que se encuentra en el afuera. Nuestro cuerpo, ese “gran olvidado” por emplear la famosa fórmula artaudiana, hoy más que nunca está condicionado por la estructura urbana. La ciudad contemporánea termina modelando nuestra anatomía: cuerpos rígidos, algo grises, que finalizan siendo parte de la arquitectura urbana. La famosa fórmula del Renacimiento: “el hombre es la medida de todas las cosas”, apoyada en los canones de Vitrubio, parece ahora completamente invertida. Quizá ya no es el ser humano que marca la pauta de la construcción del mundo exterior y por ende de su entorno urbano. Al contrario, parece ser el mundo – en este caso el citadino-, que modela lo humano. En la relación, algo ruda por cierto, entre el cuerpo y la ciudad, el primero parece estar modelado a imagen y semenjanza de la ciudad. Una ciudad donde el ser humano se ve comprido cada vez más a espacios reducidos, como si el proyecto humanista del urbanismo moderno hubiese quedado en el olvido. Una ciudad, que puede ser cualquiera del mundo, donde la crisis de la habitación es cada vez más importante y donde el asinamiento es un real problema.

La artista Ana Adarve, residente en Bogotá, a quién propuse como representante del arte colombiano para la Bienal de Arte SIART Bolivia 2005, que se desarrollará bajo el lema “Latidos urbanos”, propone de una manera bastante interesante esta relación entre el cuerpo y la ciudad. La primera vez que conocí su obra fue en Santafé de Bogotá, en 1999 durante la exposición “Somatofília Espress” curada por el teórico y sociólogo Ramiro Camelo. Desde ese entonces he seguido su desarrollo el cual con el tiempo se ha ido consolidando, convirtiéndose así en un evento singular y en una de las obras más significativas del arte contemporaneo colombiano. De manera que las fotografías de Adarve, ponen de manifiesto, una nueva anatomía, marcada por los rastros urbanos. Cada calle, cada, avería, cada ventana,cada puerta y rincón, cada puente, parecen dejar una huella imborrable en el cuerpo del viandante, el cual es moldeado por la estructura urbana.

En la serie titulada “sobre lo cotidiano” (1999), vemos la textura urbana en el cuerpo desnudo del transeúnte: el cuerpo femenino, parece albergar la huella del metal, del cemento, del efuera. En esta obra fotográfica, vemos en un primer plano el rostro femenino, con las huellas que se amalgaman con la textura de una puerta metálica, mientras alguién pasa, indiferente a esa desnudez. En esta série, vemos fragmentos del cuerpo desnudo con un fondo urbano, mientras alguién, completamente anónimo, pasa sin detenerse, como si esa imagen le fuese familiar. Esos personajes fotografiados en un espacio interior, armonizan con el espacio de la calle. El adentro se torna el afuera y vice versa. En otra de sus fotos, “nodos”, dos cuerpos que se dan la espalda, se disponen a tomar un camino opuesto. En estas imágenes, hay una clara diferencia entre la desnudez urbana y la desnudez corporal. Lo cálido de los cuerpos desnudos de los viandantes, constrastan con la frialdad de la calle. La calle se transforma paradógicamente en un adentro, en una especie de cuarto, de habitación, donde lo habitual esta dado por el paseante, por el vagabundo, por el ser de la calle, que hace del afuera su morada, así sea por un instante o el resto de sus vidas, como sucede con los sin techo.

En otra serie títulada “ne-uter” (2000), el cuerpo aparece esta vez, encerrado, dentro de las construcciones deterioradas. En estas fotos podemos ver algunas bocas, apretujadas sobre el cristal de ventanas y puertas, como si el silencio impuesto por la rudeza de la construcción les impidiera hablar, mientras los caminantes vienen y van sin apercatarse de lo que sucede. El edificio en ruinas, abandonado nos habla de una ciudad que no deja de transformarse: lugares antes habitados se convierten por los azares del destino urbanístico en sitios sin recuerdo, sin memoria donde la ruina se instala poco a poco. Los cuerpos parecen dejarse devorar por estos espacios. “El cuerpo es testigo y víctima – decía Ramiro Camelo a propósito de la obra de Adarve -, de un entorno urbano y hostil”[i]. En efecto, el entorno urbano parece estar en coflicto con el cuerpo. La ciudad es hostil frente a la desnudez. La fragilidad del cuerpo se esconde detrás del hábito, de lo habitual, en la paradoja de la habitación de lo inhabitable: el afuera.

En otra serie de fotos que se titulan “mudanza” (2004), vemos en el mismo resgistro, color y formato, una especie de habitaciones precarias, habitaciones de la calle, donde los puentes que se tranformado en techo provisorio de los sin domicilio fijo, son “decorados” con tapetes. Una especie de tapetes persas, parecen volver más cálida esta habitación transitoria. Bien sabemos que estos lugares, fueron y quizá siguen siendo en América Latina, uno de los últimos refugios para los sin techo. Esta vez los cuerpos desnudos están ausentes, como si hubiesen terminado por ser digeridos completamente por la ciudad, como si efectivamente se hubiesen mudado a otra parte. Solamente persisten esas figuras fugaces que pasan de un lado a otro, completamente indiferentes, de aquellos lugares que fueron transformados por las autoridades para que no se conviertan en la casa de los sin techo. Esta obra es altamente interesante como señalamiento, de un probelma que está ahí frente a nuestros ojos, así no lo veamos.

La obra en de esta joven artista nacida a mediados de los setentas, nos revela una relación entre el cuerpo y la ciudad, entre el espacio íntimo y el público, donde la frontera entre los dos parece desaparecer, para generar una nueva mirada, creando “una especie de fotogénesis, donde el cuerpo-objeto deviene fotogénico y, donde se encarna la imagen, reproduciendo maquinalmente toda mirada”[ii]. Una obra bastante interesante, que revela “lo que nuestros ojos no ven” como decía Win Wenders a propósito de la fotografía. Una obra que comienza a desplegarse a nivel internacional, y que sin duda dará mucho de qué hablar. El público boliviano podrá presenciar esta obra supremamente interesante la cual dejará una profunda huella en sus memorias.

Ricardo Arcos-Palma
París, 25 de mayo del 2005.

[i] Camelo Ramiro. Somatofilia Express. Cuerpos luminosos y casuales. Catálogo de la exposición. VIII Salón de Arte Joven. IDCT Alcadía Mayor de Bogotá. 1999. p. 16.
[ii] Arcos-Palma Ricardo. Incarne revelación es. Ibidem. P. 29.

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