miércoles, julio 12, 2000

Vistazo Crítico 1: Guillermo Marín.











Guillermo Marín : interpretación o apropiación.

En la década de los años noventa, una "nueva" manera de manifestarse artísticamente, hizo irrupción en las escuelas de arte del país: el performance. Se dejó de lado el pincel y el óleo, considerados por la gran mayoría obsoletos. Se asumió en cambio, la difícil tarea de explorar las capacidades expresivas del cuerpo. Esto trajo como resultado una generación de performistas. Es justamente uno de ellos quien expone actualmente en la Alianza Colombo-Francesa del Chicó. Guillermo Marín es uno de los jóvenes artistas que asume el cuerpo como obra, siguiendo los pasos de la conocida María Teresa Hincapié.

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En esta ocasión nos presentó una serie de interpretaciones que hacen referencia a la historia del arte del siglo XX. La primera de ellas, nos remite al famoso performance de 1977 light/dark de María Abramovic y Ulay. Marín se encuentra sentado sólo frente a una silla de madera pintada de blanco. Luego comienza a bofetearse hasta el cansancio, simulando recibir los golpes del otro. Tal como sucedió en el performance de la Abramovick. Después de este momento de tensión, en donde las bofetadas inundaban el espacio, el artista se sube a una mesa de madera, igualmente blanca y comienza a simular la Escultura cantarina de Gilbert and George de 1970. Sólo que esta vez la escultura canta y baila a la vez. Estos dos primeros momentos nos hacen pensar en una especie de monólogo exterior, en donde el artista, en la imposibilidad de encontrar un otro, se asume como ese otro. Esta especie de desdoblamiento hace que su trabajo vaya más allá de la simple referencia. Para terminar, Marín sube unos escalones de madera pintada en blanco. Se detiene en lo alto y simula lanzarse al vacío, como también lo simuló en su época Yves Klein con su famoso montaje fotográfico Salto al vacío de los años sesentas. En vez de caer el cuerpo de Marín, vemos con perplejidad, como cae su orina, a una pequeña fuente de cristal en la que aparece el famoso azul klein.

De un momento de extrema tensión, en donde el artista se bofeteaba se pasa de manera gradual a uno de mucho humor e ironía como el de la caída. Sin embargo, de acciones como esta surgen varias preguntas. Cuál es el papel de la interpretación en el arte? El artista es un intérprete? Si es así, podríamos decir que él es una especie de lector y no un autor. Es cierto que la postmodernidad trajo consigo la crisis del autor, que iba de la mano con la muerte del padre según el psicoanálisis. Roland Barthes nos decía que había que terminar con la tiranía del autor, para elaborar toda una teoría del lector. De acuerdo, pero que sucede si ya no hay autores sino tan solo intérpretes? Acabar con la tiranía del autor - según Barthes -, quiere decir darle lugar al lector y no terminar con el autor. En el caso de las artes, cuando se aplican fórmulas al pie de la letra, sucede lo de Marín: una obra interesante sin duda alguna, pero sin mayor transcendencia. Esperaremos unos años a ver qué sucede con el nombre de Marín. Sin duda se quedará sin interpretaciones.

El artista ha arriesgado más en otras ocasiones, como cuando realizó su afortunado performance La novia en 1966. Si bien es cierto como lo afirma José Ignacio Roca en el texto de presentación a la exposición, que la cita es común en la historia del arte, y mucho más en la postmodernidad, esto no significa que el arte sea un affaire de fórmulas. De lo contrario se caería en lo que se cae con frecuencia, en una especie de el arte por el arte. Es por eso que ahora, que está tan de moda la apropiación y la citación, es mejor hablar de interpretación para ser honestos y evitar errores de lectura.

Ricardo Arcos-Palma*. 
Bogotá, 12 de julio del 2000

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