viernes, marzo 10, 2000

Vistazo Crítico 0: Y del salón nacional de artistas qué?

A continuación retransmito un texto que fue inicialmente enviado a Columna de Arena al 1er Foro sobre el Salón Nacional de Artistas y nunca tuvo respuesta alguna ni tampoco fue publicado. ¿Censura? No lo sabemos. Sea lo que sea merece ser conocido y tenerse en cuenta para comprender un periodo de crisis cultural que atraviesa Colombia hoy. Además este texto es el origen simbólico de lo que será a partir de hoy Vistazos Críticos, espacio de crítica cultural alternativo que nace de la necesidad de ampliar espacios de reflexión que hasta ahora han sido monopolizados por personajes vinculados a centros institucionales de poder. La crítica de arte en el país, lo he notado a mi regreso de Francia, está volviendo a tomar revuelo luego de una larga crisis de varios años, luego del silencio en qué cayeron los críticos de los noventa como José Hernán Aguilar, Carolina Ponce de León, Eduardo Serrano entre otros, quienes ejercían la crítica en diarios como El Tiempo y El Espectador y en revistas especializadas. La crítica de arte hoy debe obedecer al cruce de varias voces, debe ser una polifonía y no una cancioncilla monótona. La crítica de arte debe ser pública y abierta. Por lo tanto la red sirve hoy como estrategia para poder desplegarla sin límites ni censuras de ningún tipo.



¿Y DEL SALON NACIONAL DE ARTISTAS QUE?

"La abeja y la avispa, chupan de las mismas flores, 
pero las dos no producen la misma miel". (Joubert).

Lo que inicialmente surgió como un rumor - que se levantó con el polvo de las envejecidas calles de La Candelaria en Bogotá, las mismas que nos llevan de la Biblioteca Luis Angel Arango, hasta el Instituto de Cultura y Turismo, pasando por el Ministerio de Cultura y la Plaza de Bolívar -, parece ser un hecho: ¡el Salón Nacional de Artistas ha muerto! Al menos eso podemos deducir después de un año de intensos intercambios de puntos de vista, foros (ASAB) y simposios como el de curaduría organizado por el Ministerio de Cultura a finales del año pasado. O quizá deberíamos decir siglo pasado, pues así podríamos afirmar que todo pasado fue mejor.

Muchos han comenzado a llorar la muerte del Salón, pues encontraban en él, la "oportunidad de oro" como dice Andrés Gaitán asesor del Ministerio de Cultura, para encontrar un trabajo temporal, ya sea como crítico de arte, montajista, aseador, guía, o tan sólo para salir del anonimato. Otros al contrario se alegran pues, al fin se terminó con ese monstruo grande, símbolo "del derroche presupuestal", del mal gusto y, de la más distorsionada imagen de la democracia participativa.

Se dice que el Salón - no se si debería escribirlo con minúscula -, murió de muerte natural, pues en realidad ya estaba muy viejo y además olía a moderno. Aunque en un país como el nuestro lo más probable es que lo hayan matado. Además un fin de siglo trae siempre un fin de cualquier cosa. Sea lo que sea hay que acabar con algo para comenzar con otra cosa. Así se asegura lo IN de la jerga POST.

En fin, sea lo que sea, al parecer lo que viene es altamente interesante: las "curadurías investigativas", que por cierto, no es nada nuevo en el contexto mundial del arte contemporáneo. He seguido muy de cerca desde que llegué al país, y con mucha discreción todas las "reflexiones" que giraron en torno a dicho debate. En la Columna de Arena, de José Roca, en la publicación del Ministerio de Cultura, en los periódicos - que entre otras cosas no le han dado mayor despliegue -, en el foro de la ASAB, y los posteriores eventos sobre la curaduría. Es decir alrededor de un año. Tiempo prudente para pronunciarme públicamente. Y esto por petición de muchos de mis colegas que se preguntaban el por qué de mi silencio. Creo que algunas reflexiones se han tomado muy a la ligera. Es decir, son carentes de un profundo análisis del asunto. Salvo contadas participaciones muy lúcidas por cierto, como la de Beatriz Gonzales -con el rigor que le caracteriza -, Lucas Ospina, Diana Wechster, María Elvira Iriarte y, Carlos Jimenez principalmente. Estos coinciden en algo fundamental a mi juicio: el asunto de la cultura es un asunto más complejo. A tal complejidad yo agregaría las estrechas relaciones socio-económicas y por ende políticas que rigen todo sistema.

Mi participación pues, no va ha ser así de corta - a riesgo de aburrir a los navegantes de internet -, pero creo que cuando se habla de reflexión, debemos tomarnos un tiempo y espacio prudencial para ello. De manera que, he decido echar varios vistazos críticos al asunto. Vistazo en el sentido en que Michel Foucault lo entiende: como ese "punto central y decisivo" que "va derecho: escoge, y la línea que traza con un movimiento opera, en un instante, la división de lo esencial; va por lo tanto más allá de lo que se ve; las formas inmediatas de lo sensible no lo engañan. por que sabe atravesarlas".
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Reflexiones sin espejo o consenso cultural.

No, no es el título de una de mis conferencias sobre la mirada y las nuevas tecnologías. Es la imagen que sintetiza la serie de reflexiones que giraron en torno al asunto del Salón Nacional de Artistas. Luego de varios vistazos críticos, una pregunta rondaba mi pensamiento: ¿Cuál es el lugar que ocupan las políticas culturales dentro del campo social? La pregunta, aunque parezca evidente y, la respuesta quizá más evidente aún, me ha llevado a echar otro vistazo a las políticas culturales del Estado, durante los últimos treinta años (1969-99). ¿Por qué? Simplemente porque considero que las reflexiones en cuestión, carecen de una real aproximación al campo social. Estas reflexiones son las que consideran al arte - y el ámbito cultural por supuesto -, como una esfera aislada y extraterritorial de las complejas relaciones económico-políticas que rigen toda sociedad contemporánea.

Dicha autonomía, si bien es una meta a alcanzar, como lo insinúa el sociólogo francés Pierre Bordieu, no es una realidad y, menos aún en sociedades como la nuestra, inmersa en una falsa democracia. En suma, el arte como la cultura en general - y la reflexión que se hace de ellos -, no pueden concebirse aisladamente de las complejas relaciones de orden socio-económico y por ende político, las cuales como bien sabemos, generan los campos de poder en donde se debaten "dominados y dominantes".

De manera que para comenzar, nuestra reflexión, tomaremos como punto de partida la publicación POST Reflexiones sobre el Salón Nacional del Ministerio de Cultura, pues ella ejemplifica de una u otra manera, el pensar de nuestras instituciones culturales y de sus voceros. Existen cuatro textos que están provistos de una buena voluntad. Que a nadie le quede la menor duda. Pero en cuestiones tan complejas como los asuntos culturales de un país, la buena voluntad no es suficiente. Por ejemplo para Jaime Cerón (director de artes del IDCT), la propuesta de la "curaduría investigativa" que remplazaría el Salón, es una propuesta verdaderamente interesante. La creación de un lugar común, en el cuál la mirada lacaniana particularizada en la figura del curador, generaría un verdadero diálogo del arte contemporáneo colombiano y, a su vez una firme representatividad ante los círculos mundiales del arte contemporáneo. Este siempre y cuando los curadores tengan una clara visión de lo que es la investigación.

Este tipo de curadurías con una clara y evidente "parcialidad", "no asegurarían nada - según Natalia Gutierrez (Universidad de los Andes)-, pero sería posible de pronto ver algunas obras que valga la pena ver". Es decir que, las curadurías serían ese lugar común, en el cual valdría la pena ver algo. Es decir que lo que sería valido o lo que adquiere algún valor, es gracias a la mirada del curador. El curador sería una especie de revelador de algo y quien asigna valores. Veremos esto con más detalle más adelante, cuando nos centremos en la figura del curador.

¿Quiénes asegurarían este tipo de "curadurías investigativas"? Personajes de la talla de un Peter Greeneway - según José Ignacio Roca (director Artes de la BLAA) -, como "Victor Gaviria, Héctor Abad Faciolince, Andrea Echeverri, Armando Silva, Alfredo Molano..." si le dejan a este último regresar al país claro está. O quizá también los futuros y posibles diplomados de las escuelas de curadurías del extranjero como bien lo afirma Roca.

Si bien es cierto que debemos tener en cuenta al Otro, como lo afirma Jean François Lyotard entre otros, eso no significa que tengamos que ignorar el contexto del otro, es decir lo otro."Las comparaciones son odiosas", verdaderamente, pero hasta cuando entonces seguiremos comparándonos con el Otro, ignorando por completo su contexto socio-histórico? Para no ir más lejos, estamos en las antípodas de los países que posibilitan la Documenta de Kassel, el Día de la Arquitectura, La Fiesta de la Música, etc. En París por comparar, no se hubiese permitido que las manifestaciones de los primeros meses de 1999 que se sucedieron en el país, hayan caído en el olvido, como todo lo transcendental en este país de la amnesia crónica. Eso podemos afirmarlo quienes marchamos al lado del trabajador, del estudiante, del SDF, del sin empleo, durante el invierno del 95 en las calles parisinas.

De los textos en cuestión, sólo uno se acerca, aunque tímidamente, al real problema: "La acción del estado - según Miguel Rojas (Director de Artes del Ministerio de Cultura)-, se presenta como un ansia de reconocer su poder en un país que se desintegra". Lástima que esta reflexión se quedó en el umbral de la puerta. No hay que olvidar que el Salón Nacional de Artistas nació por iniciativa del Ministro de Educación Jorge Eliecer Gaitán durante el gobierno de Eduardo Santos el 12 de octubre de 1940, el cual abrió las puertas al público en dos salas de la recién construida Biblioteca Nacional. Ese mismo día se declaró oficialmente la Fiesta de la Juventud Colombiana. Será que esta historia no merece ser recordada?


Ricardo Arcos-Palma
Bogotá 10 de marzo del 2000.

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