miércoles, julio 07, 2010

Vistazo Crítico 89: Puntos de Cruce de Edwin Sánchez.

Imagen cortesía galería Valenzuela y Klenner.


Vistazo Crítico a Puntos de Cruce de EDWIN SANCHEZ.

La obra de Edwin Sánchez ha logrado incursionar en la realidad, de manera oculta, fisgoneando y generando en nosotros espectadores una cierta complicidad propia de los programas televisivos donde la “Cámara escondida” genera situaciones imprevisibles. Por ejemplo en Ejercicio de anulación (2007), Sánchez logra hacer visible a una situación muy frecuente en nuestro medio: la explotación económica de la miseria. Un mendigo a quien le hacen falta las piernas y las manos es cubierto una y otra vez por el artista con una caja de cartón. El artista es abordado por un vigilante que custodia el edificio Avianca cerca donde “trabaja” el mendigo. Esta situación se torna tensa cuando llega un personaje (el explotador) en compañía de la policía. El artista es detenido. Lo que sorprende en este ejercicio de anulación, que es un ejercicio invisibilidad y ocultamiento, es como se hace visible un mecanismo de la indiferencia: la protección del mendigo y al mismo tiempo de su explotador, que viene todas las mañanas lo pone en la calle y en las tardes se lo lleva a casa. Lo que sorprende en esta situación, es como la solidaridad urbana se torna hacia la explotación. Aquí se puede ver este ejercicio.

Ahora bien, Puntos de Cruce, exposición realizada en la Fundación de arte contemporáneo Valenzuela y Klenner, logra materializar la relación entre Arte y Sociedad. Buena parte del trabajo de Sánchez se inscribe dentro de una serie de apropiaciones e intervenciones de la realidad. Tales estrategias artísticas son sutiles y contundentes. En el primer piso encontramos una obra que hace referencia a la circulación ilegal de armas de fuego. En uno de los muros hay una fotografía –prácticamente un retrato-, de un arma la cual ha sido sutilmente intervenida con frases como: “artista político”, “quiero ganar una beca”, quiero vender todas mis obras”, “quiero violar a una menor” etc. Esto que podemos denominar una gramática del deseo, que bien podría ser la inscripción de los deseos del artista contemporáneo inmerso en un mundo donde lo real permea su condición creadora, hace del revolver un objeto esencial en el circuito de la violencia urbana.

En la pared opuesta, encontramos un dispositivo sonoro que contiene una grabación de un responsable del comercio de armas, quien cuenta, como las armas circulan en una cartografía de la violencia citadina. Sobre una mesa, encontramos un plano de Bogotá. Sobre el plano hay una ruta trazada, que pone en evidencia un va y viene desde el Barrio la Macarena en el centro de la ciudad, hasta Ciudad Bolívar al sur de la capital. En ese plano se especifica la compra de un arma de fuego y posterior reventa en las laderas de los cerros orientales de Bogotá, donde pandillas juveniles compran y revenden armas que inicialmente pertenecían a la fuerza pública. Pandillas que han sembrado el terror en esta zona de la ciudad. Esta obra logra interrogar el papel del comercio de armas y el incremento de la violencia urbana.

En el segundo piso nos encontramos con una reflexión plástica sobre una exposición que se hizo hace ya varios años: “Puntos de Cruce” e la cual toma el título la muestra de Sanchez. Nos encontramos con un catálogo de esta exposición donde se referencia a varios artistas contemporáneos colombianos. Adentrándonos en el espacio intervenido con andamios de construcción, vemos una serie de pantallas de diferentes tamaños y una proyección de vídeos sobre la pared, que referencian el conflicto armado en el campo. En uno de eso vídeos vemos un camión de la guerrilla que se ha atascado en un lodazal mientras los insurgentes intentan infructuosamente sacarlo de ahí. En otro de esos vídeos, vemos la toma de un pueblo por parte de la guerrilla, quienes atacan armados de cilindros de gas. En otros de los vídeos podemos observar una cierta pedagogía de la violencia, donde la mano de un insurgente, muestra como atacar un pueblo. Su mano se mueve sobre una maqueta realizada como por un niño, donde se puede ver la calle principal, la iglesia, el puesto de policía entre otros edificios principales. La voz del personaje sin rostro, narra de qué manera tomarse el pueblo. El vídeo proyectado en la pared al final del recorrido, muestra a un grupo de guerrilleros que cuentan el dinero de un botín luego de un asalto. En la radio que uno de los insurgentes tiene, se escucha la voz de un experto en arte, hablando de la exposición “Puntos de Cruce”. En este momento la realidad nacional se une de manera contundente con la realidad artística que pese a todo logra generar cruces de lecturas enigmáticas. En este momento recordamos el catalogo dispuesto a la entrada de la sala.

Finalmente en el tercer piso, nos topamos con una proyección donde con ciertos dibujos algo “infantiles”, se ilustra la narración de un paramilitar, quien cuenta como se descuartizaban los cuerpos de sus víctimas. En cada uno de los dos extremos de la sala, vemos dos esculturas tamaño natural. En una de ellas, vemos a una mujer, con el vientre abierto y a la que se le ha incrustado un gallo. La otra escultura muestra un cuerpo descuartizado y recompuesto de nuevo. Estas dos piezas materializan hechos atroces cometidos durante nuestra larga historia de la violencia. En una de las paredes vemos por último una fotografía donde se confrontan el cañón del revolver que vimos en el primer piso y el rostro de un gallo de pelea (porque los animales también tienen rostro), al que le han arrancado su cresta. Esta imagen, bastante fuerte por cierto, condensa lo esencial del proyecto de Edwin Sánchez quien de una manera bastante crítica logra poner en evidencia varios lugares de la violencia: el urbano y el rural en un país en guerra como el nuestro donde el comercio de armas es una de las causas invisibles de la extrema violencia que padecemos.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá, julio 7 del 2010.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece interesante este texto, pude ver la obra pero no comparto su admiración, las obras del tercer piso esculturas de este artistas no tenían nada de interante y eran bastante grotezcas... enfin el arte.

Carolina Duarte.

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