sábado, mayo 16, 2009

Vistazo Crítico 68: Mimetizarte de Germán Arrubla.


MIMETIZARTE o el arte de la invisibilidad. Vistazo Crítico a la obra de Germán Arrubla.
“De la uniformidad se pasa a la invisibilidad (…) La desaparición de las características
de los cuerpos en la uniformidad de la vestimenta civil o militar es paralela a
la desaparición de los cuerpos en la unidireccionalidad de la velocidad”
Paul Virilio. Estética de la desaparición.

La obra de Germán Arrubla, desborda el plano de la plástica. Sin temor al equívoco, me atreveré a decir, que su obra se inscribe dentro de la noción del espectáculo. Es una obra a la que asistimos listos a dejarnos absorber por su espectacularidad a la manera de Matthew Barney. Es conocido por todos que Germán Arrubla vive entre esos dos mundos: el del espectáculo y el de su obra plástica. Pero en él tal disociación no existe: el mundo del espectáculo es el de la plástica y viceversa; de ahí se desprende mi afirmación temeraria: su obra artística es espectacular. En esta ocasión, el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, acoge su obra Mimetizarte: o el arte de la invisibilidad.

Su obra ingresó al museo de una manera nada convencional: no llegó en guacales, ni tampoco se elaboró in situ como generalmente incursionan las obras al museo; por el contrario su obra llegó el viernes 15 de mayo a manera de procesión atravesando la portería principal de la Ciudad Universitaria situada en la calle 26, es decir de una manera performativa, luego de haber descendido de un camión: un Ejército de Santos impecablemente vestidos de camuflado, era llevado por otros personajes igualmente vestidos de prendas militares. Los santos esculpidos en su mayoría en madera, son los mismos que en las ceremonias religiosas se sacan en procesión aún en algunos lugares donde la creencia religiosa está latente. Este ejército sagrado está lleno de solemnidad. Pasa las puertas de la universidad ante la mirada atónita de los estudiantes y vigilantes que no entienden que está sucediendo. La Ciudad Blanca y su Museo están siendo tomados por una extraña compañía. Cuando se acercan y podemos ver mejor sus rostros, vemos como esa compañía podría ser la misma Compañía de Jesús, lista para un determinando combate. En efecto esos santos, parecen todos encarnar una imagen crística: varios de ellos tienen el rostro enjuto y poblado de una espesa barba.

El artista Germán Arrubla y su procesión de Santos.

Los personajes en religiosa procesión se instalaron en la penumbra de la sala principal del Museo de Arte donde ahora usted podrá verlos a partir del jueves 21 de mayo día de la inaguración de la exposición. ¿Pero será que usted en verdad podrá verlos? Ellos están vestidos para pasar desapercibidos en un lugar que se asemeja a sus prendas. Pero para poder verlos en su invisibilidad hay que estar vestidos como ellos. A la entrada de la sala, encontramos un vestier con esas prendas las cuales usted podrá ponerse para estar junto a esos extraños uniformados; Mimetizarte, es una invitación a invisibilizarse para no ser blanco. En efecto, esta es la idea primera del camuflaje: evitar ser blanco del enemigo en una guerra. Esta obra en verdad no tiene precedente en nuestro país; quizá guardando las proporciones, se acerca a la obra de José Alejandro Restrepo conceptualmente hablando y, formalmente hay un referente lejano en “el Divino Niño” pintado en camuflado de Beatriz Gonzales o, a los ángeles recubiertos en panela y armados de tremendas espadas de la “Dulce compañía” de Álvaro García Ordoñez.

Sin embargo la obra de Germán Arrubla abre otra perspectiva. Poner en paralelo las prendas militares y las representaciones de los Santos es una osadía que nos hace pensar inmediatamente en nuestro contexto político y social. Para nadie es un secreto que la guerrilla, en particular el ELN, ha asumido una postura prácticamente religiosa en su combate contra el Estado. Y el Ejército Nacional, apoyado en la Fe en la Iglesia Católica, se ha convertido en los soldados de Dios y la Patria. De otra parte, los paramilitares también se han apoyado en una fe ciega en un Dios vengador. Hasta los que son ateos como los de las FARC, creen ciegamente en su propia fe. Pero esta religiosidad de los combatientes, no solamente la vemos en nuestro contexto: basta echar un vistazo al Cercano Oriente para ver como los palestinos (islamistas y cristianos) se enfrentan hasta el sacrificio a manera de kamikaze contra los judíos ortodoxos que defienden su pedazo de tierra prometida o Tierra Santa; no hay que olvidar que la palabra kamikaze de origen japonés significa “viento divino” o “la ira de Dios”. La obra de Arrubla nos cuestiona entonces, sobre el papel que nosotros despeñamos en esta guerra de hace más de medio siglo matizada por un claro componente religioso.

El espectador al entrar a interactuar con ese Ejército de Santos, deja de ser un simple espectador y pasa a ser un personaje activo dentro de ese juego mimético. El espectador o más bien deberíamos decir activador, se camufla con esos personajes al usar las mismas prendas que ellos portan. Incursiona en eso grupo de “combatientes” engrosando sus filas. Luego deja las prendas en el vestier de la entrada y pasa a ser uno más de la masa. En este ir y venir, en este juego de visibilidades e invisibilidades está la esencia esencial del trabajo de Arrubla en efecto el mimetizarse es un verdadero arte de la invisibilidad.


Hablando con el artista, él insiste que "las prendas militares de distinto orden mezclan a la presa con el predador". Aquí hay una clara alusión al mundo animal, donde estos seres se mimetizan con su entorno para no ser presa fácil, o en términos del propio artista, para "no ser blanco". El arte de la invisibilidad ha sido explotado por las guerras modernas y contemporáneas al punto situarlas en el plano de su inexistencia.

El punto de partida de esta obra es muy sencillo, es una frase muy familiar que las madres con gran preocupación al ver transcurrir los años de sus hijas e hijos aún solteros les dicen: “mijos: ustedes se va quedar para vestir santos”. Esta frase, Arrubla la ha tomado muy en serio, y se ha dedicado a conseguir esas figuras de santos y vestirlos uno a uno, pero como si se tratara de la preparación de un regimiento listo para el combate. Parece un juego de niños; pero en realidad aquí radica la fuerza de su trabajo: el juego de la guerra permeado por la fe religiosa venga de donde venga, no es propiamente un juego. Cuando vi por primera vez esa obra en su estudio-taller, me di cuenta en estaba al frente de una de las obras más importantes que se han producido en nuestro país en los últimos tiempos. Procesiones, escuadrillas, compañías, camuflados, todo un espectáculo estético que nos recuerda descarnadamente que aún estamos inmersos en un conflicto armando de tinte religioso y político, donde la desaparición y la invisibilidad son un verdadero arte.

Ricardo Arcos-Palma. Bogotá 16 de mayo del 2009.
Este texto hace parte del corpus de la investigación: Arte y Política en Colombia.: Dos décadas de Accionismo y Performance 1990-2010, en la cual incluyo obras de Constanza Camelo, Yury Hernándo Forero, Fernando Pertuz, Raúl Naranjo, Edwin Jimeno, María José Arjona, José Orlando Salgado entre otros.  


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